Nunca seré como ellos, estoy vivo; ajeno a su realidad, inmerso en la mía, pero los observo pasar cada día desde el balcón que domina la gran avenida. Nunca me ven, vivo escondido tras los visillos de un alma disfrazada de niño, ajeno para siempre a la realidad y ellos son tan transparentes...
Son fantasmas, fantasmas que pasean por las calles, fantasmas que dejaron sus sábanas en el fondo del arcón y se vistieron con imitaciones cutres de Armani. Pasean por las avenidas, su móvil de...
(... continúa)