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LA WEB-ONA

Dimes y diretes de una alcayata en Las Rozas

Un vecino de Villamartín (Cádiz) ha asesinado a su ex mujer de una cuchillada en el cuello después de que ella hubiera presentado una denuncia por amenazas y lesiones, según informaron fuentes de la Subdelegación del Gobierno en Cádiz.

El día que Esperanza Aguirre le propuso a Cristina Alberdi presidir el Consejo Contra la Violencia de Género muchos nos quedamos perplejos. Muy perplejos, porque se le pueden achacar a la Aguirre muchas cosas pero de no tener vista política casi todos tenemos que achantar la mui. A priori la cosa se hacía muy sospechosa ya que la trayectoria política de la Alberdi distaba mucho de ser semejante en ideología a la de la presidenta de la Comunidad de Madrid.
Se enfrentaban dos mujeres, una feminista recalcitrante que muchas personas, incluso sus propios correligionarios, la tildaban de excesiva en su defensa del papel de la mujer en todos los niveles de la vida. Y la otra una conservadora convencida.

Otros muchos pensaron que era la revancha al expediente, que su partido la había abierto, a consecuencia de sus comentarios sobre la actuación estelar de Sáez y Tamayo en la investidura del legítimo vencedor en las elecciones a la Comunidad de Madrid. Como quieran que fuera las cosas ésta buena señora, Alberdi, ha estado más o menos callada ejerciendo, suponemos, su papel en el Consejo de Violencia de Género.

Pero está visto que cuando alguien tiene un sentimiento revanchista éste tarde o temprano aflora y lo que pasaba por ser una chorrada como es el posado de las ministras en el Palacio de La Moncloa; posado que puede ser visto con mejores o peores ojos, con más o menos críticas, considerarlo acertado o como lo considera aquí la que escribe una chorrada, la buena de Alberdi se ha tirado a los ruedos de los platós televisivos, en programas de escaso intelecto, para criticar acidamente una actuación de las ministras.

Comentarios como “vergonzoso” y “pulveriza la imagen de austeridad que ha querido dar Zapatero” son algunos de los que Alberdi ha vertido sobre el gobierno. Ella que nunca ha salido de su casa sin un rizo en su sitio y sin ir vestida a lo último en moda. Ésta señora que tiene un cometido en la vida el de presidir el Consejo sobre la Violencia de Género se pasa media tarde en una televisión criticando actuaciones de otras mujeres, en su libre albedrío, sin tan siquiera recordar a la víctima número 45 de la violencia sobre la mujer.

Ésta mujer, Alberdi, lanza improperios la mayoría basados sobre informaciones veladas de medios de comunicación manipulados por la oposición estatal, cuando debería de estar al lado de los hijos de Carmen, víctima 45 de la irracionalidad machista, cuestiona con duras reprimendas la actuación de unas mujeres que si por algo se conocen es por su nivel intelectual.

Pero Señora Alberdi, se le ha olvidado algo y es que si las ministras quizás no hicieron bien con plasmar su imagen en Vogue, usted señora mía tiene cosas mucho más importantes que hacer que sacar a paseo su emponzoñada lengua; entre ellas, como ya le digo, estar al lado de las víctimas del maltrato y promover actuaciones para que ésta lacra social termine por desaparecer del panorama nacional. Mejor estaría usted devanándose los sesos en encontrar una solución y que no haya una víctima 46 que alimentar a esos maltratadores, ya sean hombres o mujeres, que han encontrado en sus palabras el caldo de cultivo idóneo para continuar con sus masacres.

Porque Alberdi, tener igualdad con los hombres no es ir vestida de machote ni escupir cual camionero de barriga cervecera, tampoco lo es tener que salir a la calle embutida en un hábito monacal por el simple hecho de ser ministra. La igualdad, señora mía, no depende de los factores externos depende de que la mentalidad cambie, de que hombres y mujeres aceptemos que los sesitos no tiene sexo cual ángeles, de que poco importa si Teresa Fernández de la Vega lleva un Armani mientras cumpla con su cometido y sobre todo informarle señora Alberdi de que el Palacio de la Moncloa sólo es un edificio que ni está sacralizado ni por asomo representa todo los maravilloso de la democracia, que los tiempos en que los edificios eran representación de la magnificencia de España murieron con Franco.
La democracia y los símbolos los constituimos todos los españoles uno a uno y en su conjunto y que como decía no sé quien en no sé que película “mi hogar está donde enchufo mi ordenador” de ésta manera la institución no está en unas escaleras de un hortera edifico, está en los corazones de todos incluido en el suyo y que cuando comenzamos identificando la puerta de un palacete con la institución estamos en el camino de la Plaza de Oriente.
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