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LA WEB-ONA

Ad quem suspicio maleficii pertineat

Tanto PSOE como PP han votado finalmente a favor de la comparecencia del ex presidente del Gobierno, aunque no lo habían pedido. Por el momento, se han acordado también por unanimidad 14 comparecencias, entre ellas las del ex secretario de estado de Seguridad, Ignacio Astarloa y las víctimas de los atentados. Tras ver el PP casi todas sus peticiones desestimadas, Zaplana ha calificado la comisión de "absoluta mentira", "escándalo" y "burla". El PP intentó entonces y en el último momento llamar a Zapatero.

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Hoy oía hablar a Zaplana en la televisión haciendo uno de sus alegatos, éste más peculiar si cabe que los anteriores, decía más o menos “Basta ya de mentiras, vamos a contar la verdad”. Paradójico ¿verdad?. Lo que no tengo claro cuál es el concepto que tiene Zaplana sobre lo que es el término verdad.

Y el caso que cuanto más repite uno el vocablo verdad termina haciéndose una bola en la boca del estómago. Al menos cuando lo repite Zaplana & Company. ¿Será la verdad de un niño de cinco años que recuerda, como si fuera verdad, que ayer estuvo cazando dinosaurios?. O quizás la verdad del anciano senil que asegura fehacientemente que Franco está en el cielo y que Dios le hizo jefe de las tormentas.

La verdad siempre es relativa, dependiendo si te llamas Zaplana o Gutiérrez. Qué cosa más triste, escudarse en esta palabra para poner de manifiesto un comportamiento ridículo. Porque así estamos matando la verdad. Ya hace tiempo matamos a Dios y lo enterramos, o eso decía Nietzsche, y ahora le toca a la verdad. Y es que debería estar prohibido que algunas personas utilizaran ciertos términos. Los desprestigian y les hacen perder su valor y su significado.

Zaplana & Company deben de recordar, ya que no pueden en carne propia, que aquí la única verdad son las heridas de las víctimas de sus actos. La indiscutible verdad son los 192 muertos que a día de hoy ya no están entre nosotros. A ellos les importa tres narices que el día 13 hubiera manifestaciones en las sedes del PP; o que si se diera el caso sus muertes hubieran cambiado el rumbo de unas elecciones, cosa que dudo. No les importa porque ya no están, ya no pueden votar, ni manifestarse; ya no pueden pasear con sus hijos una tarde de Domingo por los pasillos de cualquier Hipermercado arrastrando un carro cargado. Nunca esperaran en la cola de un cine o teatro para sacar la entrada o disfrutaran de un día de sosiego a las orillas del Alberche.

Zaplana & Company sí pueden hacerlo mientras en sus fueros internos se regocijan plenos de su verdad. Sólo que hay una verdad indiscutible, una que nadie puede trasgiversar. Hay 192 hombre, mujeres y niños muertos. Muertos por la incompetencia de un gobierno que no supo ver venir lo que se cantaba por las esquinas, muertos por la soberbia de quien se creía por encima del bien y del mal.

Muertos que día tras día vuelven a morir cada vez que alguno de la calaña de Zaplana & Company deja escapar de su boca las palabras “verdad”, “honestidad”, “dignidad”.
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