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LA WEB-ONA

EL MACACO LOCO

Soy El Macaco Loco, no soy un soy el; no es una declaración de intenciones, es una realidad. Provengo de una lejana galaxia pero allí los macacos locos también somos seres extraños. Es un planeta de chimpancés y no se perdona fácilmente que algunos nos salgamos de la normalidad.
En los albores de mi vida me balanceaba de rama en rama buscando cacahuetes abandonados por míseros turistas estelares. Una vez me caí y las cosas ya no volvieron a ser igual. Tampoco me atraía la vida de semental , quizás sea un poco gay. Emigré escondido en una nave espacial de unos rusos despistados. Me descubrieron camuflado entre los misiles termonucleares especialmente diseñados para desintegrar un aerolito enorme ,que iba derecho a destruir la tierra, les di pena y me daban de comer plátanos liofilizados en tubos de pasta de dientes.
El aerolito en el último momento decidió cambiar su rumbo e ir a pasar las Navidades a una constelación paradisiaca repleta de bellas estrellas fugaces, tan solo vestidas con hojas de parra. Cuando aterrizamos me ingresaron en un oscuro centro de investigación de seres extraterrestres. ET es bastante aburrido, siempre contando la misma historia de que un niño le ayudo a volver a su casa, nadie le creemos.
En un despiste de la señora de la limpieza me escapé, ahora vago por la Tierra buscando diamantes en las minas de Sudáfrica. Anoche le robé un cartucho de dinamita a un señor negro, quiero volver a casa.
ET nunca volvió a su casa, murió en la mesa de operaciones; el anestesista derramó su café descafeinado, con leche desnatada y sacarina sobre contador de constantes vitales, la descarga hizo arco con el dedo de ET. Aún conservan parte de lo que quedó de él en el Anatómico Forense.
Tengo rabo, muy propio de mi especie, es prensil; de vez en cuando tiene vida propia, también muy propio de mi especie, ayer se empeñó en sacarle los mocos a una señora que iba en el penúltimo vagón del Ave de las 14:30. Ahora mi rabo pulula eptoplásmicamente de vagón en vagón; de vez en cuando intenta abusar sexualmente del revisor; parece que al revisor le empieza a gustar esta persecución.
Está creciéndome un nuevo rabo, es un vástago espurio. Al principio solo notaba un escozor, me fijé, un pequeño apéndice azul aguamarina se lamentaba incesantemente. Es un latazo, la verdad, no me deja dormir. Todas las noches quejándose.
Él quería ser rojo, pero la genética se la jugó. Me tiene harto; en cuanto sea algo mayor me lo volveré a amputar.
Le acabo de enseñar los dientes, parece que le he asustado y ahora sólo gimotea lastimeramente. Empiezo a pelar los plátanos del postre, se ha puesto contento y se menea incesantemente de un lado a otro tirando todo lo que está a su alcance. El cartucho de dinamita que le robé al hombre negro rueda desde la mesa, cae al suelo y se dirige hacia los rescoldos de la lumbre.
La explosión ha sido portentosa, desde el cielo, ascendiendo a una velocidad pasmosa, creo ver a mi antiguo rabo persiguiendo ,de nuevo, al revisor del AVE de las 14:30. Esquivo uno de los anillos de Saturno y enfilo hacia Meganimedes, llamo a gritos a mi amputado rabo ; pero no me hace caso ,ha conseguido acorralar al revisor en el cuarto del equipaje, mi nuevo rabo ríe; giro sobre mi mismo y lo secciono de un bocado. Se aleja hacia el espacio exterior, me mira sin comprender. Se me ha hecho un nudo en el estómago, termino de pelar mi plátano y me lo como; un tío abuelo de Alien me saluda a lo lejos ; se acaba de engullir al rabo llorón.
Llevo tres días vagando entre constelaciones y nebulosas, he llamado a varia puertas pero en todas me dicen los mismo, el cupo de macacos locos está completo. La falta de gravidez está impidiendo que crezca un tercer rabo, la cosa no tendría la máxima importancia si no fuera porque el apéndice me podía servir de timón.
Que guapo estaría mi rabo llorón vestido de marinerito dirigiendo la nave a buen puerto, maldigo mis malas pulgas que me empujaron a deshacerme de él. Tengo tres pulgas, a cuál más mala, y ahora me doy perfecta cuenta que le tenían una envidia enorme a mi pequeño rabo azul aguamarina; seguramente eran ellas las que le picaban hasta hacerle llorar, el nudo estomacal de la culpabilidad empieza a formarse de nuevo pero ahora no tengo plátano con que amansarle. Es muy probable que termine haciendo una lampara de macramé con mis intestinos, tiene mal genio este estómago.
Una de las pulgas me susurra a oído que también me ampute el estomago, que viviremos más felices sin él. Le doy un manotazo a la pulga y la estrello contra una enana blanca que está a punto de implosionar. Las otras dos se han quejado un rato pero finalmente han optado por esconderse y estarse quietecitas.
Me entretengo girando sobre mi mismo para ver si crece o no el rabo, lo que se dice comúnmente mirarse el culo, de pronto siento en mi estómago un fuerte empujón, no es el susodicho intentando anudar mis intestinos, es una nave de los chinos, a través de cristal veo a un tipo con los ojos rasgados, no sale de su asombro; otro , detrás, salta con las manos en las axilas, pretende imitarme. Tras unos minutos de jilipolleces varias comienzan a señalar a mi espalda, giro como buenamente puedo la cabeza y el pánico me invade; estamos comenzando la reentrada en la atmósfera terrestre. Mi culo pelado de macaco empieza a sentir el calor de la fricción.
La reentrada en la atmósfera terrestre ha sido traumática. Me temo que nunca volverá a crecerme el rabo, esas cosas nos pasan a los macacos cuando nos traumatizamos , nos quedamos sin rabo para siempre; tendré que acostumbrarme a andar si él.
Están intentando despegarme del morro de la nave espacial, han probado con casi todo desde agua caliente hasta quitaesmalte. Varios chinos pasean por debajo, se rascan las coronillas , ya no saben que hacer. Me están entrando retortijones de tripas, trato de avisar a los que circulan por debajo; no me entienden, lanzan risitas y gruñiditos , serán jilipollas; si tuviera rabo podría taponarme el orificio defecador, pero sin rabo.....hago esfuerzos para contenerme.
La ventosidad ha producido un terremoto de escala 6. Todos los chinos han salido huyendo, sólo se ha quedado el mozo de equipajes. Va vestido de grana y oro pero ha sustituido la montera por una gorra de plato más propia de su oficio. Del fajín le cuelga un gran manojo de llaves. Se mantiene interpérrito a pesar del movimiento sísmico. Me mira y se relame ; siento miedo estos chinos son muy suyos para la gastronomía. Trato de expulsar otra flatulencia para hacerle huir, pero no sale nada más que un ridículo pedillo.
Una tanqueta del ejercito se acerca , el torero maletero pone mala cara y se va; las llaves producen un ligero tintineo al copas de los pasos de éste. Del vehículo militar desciende un teniente coronel y un sargento chusquero. En el ejército chino también hay sargentos chusqueros.
Siento que el calor acumulado en mi cuerpo se disipa al tiempo que poco a paco voy escurriéndome del morro de Challenger oriental. Pego una costalada contra el asfalto de la pista de aterrizaje. El teniente coronel y el sargento chusqueros me miran, corro todo lo que puedo y me interno en un arrozal . Me topo de narices con el Capitán del Enterprise James T. Kirk, está intentando encontrar unas ballenas para repoblar los fondos marinos en el futuro, me mira profundamente a los ojos y adivino lo que corre por su pensamiento:" Macho la has cagao"
James T. Kirk es un berzas a la par que un inútil. Sólo a él se le ocurriría buscar ballenas en un arrozal chino, para que luego digan de los macacos. Oigo muy cerca los pasos del teniente coronel y el sargento chusquero chino. Kirk se desmaterializa y vuelve a su nave, no me ha invitado a acompañare. Estoy solo ante el peligro.
A mi derecha hay un árbol, lleno de macacos terrestres; si corro un poco podré subirme y camuflarme entre ellos. Mis semejantes terrícolas se han dado cuenta de que la situación apremia, comienzan a tirar kiwis al teniente coronel y al sargento chusquero chinos mientras me hacen señas para que corra y suba al árbol.
Muchas veces me he preguntado como es que los seres humanos han llegado a ser la especie predominante en la Tierra. Son tontos del culo. Aún sin rabo no han podido identificarme entre todos. Uno a uno nos han hecho descender del árbol y formar sobre la hierba. Nos han mirado por delante y por detrás. de arriba a abajo. Bastante confundidos se han marchado.
Una macaca torda me hace guiños, quiere lío. Soy todo un caballero y me presto al juego copulatorio. Me tumbo boca arriba y muevo las patas haciendo la bicicleta, es una de las posturas más sexis que conozco. La macaca torda me mira raro, se da media vuelta y empieza a hacerle carantoñas a un macaco medio calvo. Me quedo con tres palmos de narices y sin poder hacerle un favor a la dama.
La tanqueta militar se ha acercado sin que nos diéramos cuenta, el cañón gira unos grados y apunta directamente al árbol. Dispara un misil tierra-tierra muy canijo. El macaco medio calvo cae fulminado al suelo, la macaca torda se ha quedado con el culo en pompa, me largo rápido con un "hasta luego chata, otro día será".
Llevo varios días deambulando por los campos chinos, me alimento de bellotas. Por fin he conseguido esconderme en las bodegas de un sampán. Son un huevo horteras estos chinos con sus velas de colorines.
Oigo la Radio Internacional de China en un transistor made in Alcahudete de las Fuentes que lleva uno de los marineros:" El revisor del AVE de las 14:30 ha formalizado una relación de echo ,en los juzgados de Plaza Castilla ,con un rabo eptoplásmico de macaco. La Iglesia de la Redención Eterna de Rabos Eptoplásmicos ha elevado una protesta a la Santa Sede. En breve Su Santidad mandará un comunicado a los principales medios de comunicación condenando esta impía unión. En otro orden de cosas; Un teniente coronel y un sargento chusquero del Imperial Ejercito de China han sido encontrados sodomizados y atados a un Kiwi; se busca al presunto agresor aunque se teme que sea obra de un grupo separatista radical."
Me tumbo una siestecita entre los fardos de té, que sea lo que dios quiera.
Un marinero chino me ha descubierto mientras trataba de robar unos melones, me ha tirado por la borda. Veo al sampán alejarse. Nado hasta la orilla. Lo siento mas por no escuchar la emisora de radio, habían comenzado una serie de programas sobre las folklóricas. Hoy tocaba Manolo Caracol, sonaba la Zarzamora cuando el mendrugo del marinero chino me a arrojado sin miramientos al frío Yangtsé. Me he sentido identificado con ella.
Procuro alejarme de cualquier árbol con macacos, no me apetece dejar hijos no reconocidos por estos mundos perdidos de la China. Para esas cosas soy muy mirado, en medio de las marismas chinas es difícil encontrar una Caja Rural para hacer los pagos de la pensión alimenticia.
Y total , llevo varios meses sin echar un casquete. Se me hace que aún me persiguen, al menos el sargento chusquero, se le veía cara de cabezón. Son las cosas que tiene los sargentos chusqueros, que son muy cabezones. Tomo camino del Himalaya.
Mientras camino recuerdo que en mi familia somos propensos a padecer el síndrome del pito erecto, me desahogo detrás de unos matojos. Mientras estoy en ello me fijo en un cartelito " A Chimpum, 40Km." Total ya que estoy aquí.
De camino a Chimpum me he caído en un pozo negro, llevo dos días aquí metido; estoy de mierda hasta el cuello. Voy a morir.

Paseando

Yo vivo en el centro de España, en la Comarca de las Vegas; lindando con Toledo y Cuenca, en las estribaciones de la meseta y prácticamente en la Mancha. Hago diariamente varios viajes para llevar a mis críos al colegio del pueblo de al lado. Por aquí los inviernos son duros, muy secos y con muchas heladas; pero hoy viniendo del colegio, conduciendo tranquilamente, he observado algo; allá en lo alto, en el cielo una pareja de águilas volaba haciendo circulos, sólo los mas viejos del lugar recuerdan cuando había águilas por aquí.

Los campos ,después de la guerra civil, quedaron devastados; no en si por la contienda, sino por los rigores del hambre que trajo las postguerra en la que los campos eran roturados hasta en los sitios más inverosímiles, todas las encimas y demás vegetación susceptible de proporcionar calor fue arrasada, la tierra se quedo yerma, todo vestigio de arboleda desapareció y el cultivo intensivo de las tierras hizo que todo lo que alcanzara la vista fueran bastas extensiones de color marrón ácido. Pero aquello acabo, y ahora la agricultura ya no es la principal actividad de la gente del pueblo, la naturaleza ha vuelto por sus fueros.

Cuando venía hacia casa me ha parecido como si de pronto hubiera habido una explosión de colores, los distintos matices de verde relucían bajo un cielo emcapotado que aquí y allá dejaba escapar tenues rayos de sol matizando ,si cabe, aún más los singulares colores. Las cunetas de la carretera se hayan plagadas de macizos de amapolas, que resaltan con su rojo; las margaritas silvestres asoman tímidas con su blanco puro ,las encinas han vuelto a repoblar los montes ,los almendros que ya han perdido la flor crecen desperdigados; el trigo y la cebada ya empieza a verdeguear los campos y las clavellinas de las cepas ya son visibles desde la carretera. Pequeños gazapos corren acalorados de un lado a otro, una pareja de abubillas con su penacho dorado vuelan de árbol a árbol, y hasta ese campo recién arado, propiedad de un viejo agricultor que se niega a abandonar lo que ha sido toda su vida, hace el paisaje mas bello aún, con sus tonos de marrón que despide frescura y amansa el espíritu. Últimamente hasta se han visto zorros y jabalíes por la zona, y no hace mucho que frené mi furgoneta para dejar el paso franco a una grulla un tanto despistada; y cuando llegas al pueblo hasta te da alegría ver al cafre del alcalde con la ropa de trabajar el campo lleno de barro hasta el corvejón.

Cuando me siento ante esta pantalla no tengo mas que levantar la vista y observo como los árboles se mecen y el cerro de enfrente se plaga de flores, y veo como dos gatitos retozan entre la hierba. Tengo mucha suerte de vivir donde vivo, muy cerca de Madrid pero en plena naturaleza, aun prácticamente virgen de urbanizaciones con pequeños chalet orterillas; entonces es cuando me pregunto el porqué la gente se amarga y se agrede perdiéndose las cosas realmente bellas de nuestra vida.

Parémonos un momento y miremos al cielo, observemos el azul intenso de una tarde de primavera y tratemos de buscar a nuestra propia pareja de águilas o simplemente a esas golondrinas que llevan el pico lleno de barro para hacer su nido; a esos gorriones gordinflones y caraduras o simplemente asomémonos a la terraza o a la ventana de nuestro piso y miremos el tiesto que la vecina tiene en la ventana de enfrente y cuando la buena señora se asome respondámosla con una amplia sonrisa y también deberiamos de pedirle un esqueje de la planta para poder sembrar nuestra propia maceta.

Dar vida y amar la vida es lo mas importante, lo demás son nimiedades, porque el verde de los campos es igual para el pobre que para el rico, para el malvado que para santo, sólo hay que saber como mirar y hacia donde mirar.

órdago a la grande

El despertador sonó a la 7:15 pero continuó durmiendo un poco más ; hasta que se dio cuenta eran casi las 8 de la mañana. Saltó de la cama, pero con tan mala suerte que tropezó con el edredón y dio de bruces contra el suelo. La nariz le chorreaba sangre y el dolor le nubló por unos instantes el entendimiento.

Se sentó en la cama y colocó la cabeza entre la piernas hasta que recordó que aquella postura era para los mareos. Un pequeño charco de sangre se había formado entre sus pies pero no se dio cuenta. Al levantarse para ir al lavabo se escurrió y cayó de espaldas ,la cabeza le retumbó con el golpe como si fueran las campanas de la Basílica del Pilar a la hora de misa.

Con una mano en la nariz y otra en el cogote permanecía sentado en el suelo con los calzoncillos manchados de sangre. Estiró la mano , con la que se sujetaba el cogote, para coger de la mesilla un pañuelo. Revolvió sin mirar dentro del cajón y sacó lo primero que le pareció, un pañuelo. Envuelto en éste un revólver de pequeño calibre cayó a su lado. Le apartó a un lado y se limpió la cara de sangre.

Como un fogonazo le vino a la cabeza las leyes de Murphi” Da igual de qué lado estés, siempre tienes las de perder”. Total, hoy ya llegaba tarde al trabajo unos minutos más no importaban , le iban a descontar medio día igual. Vacío el tambor del arma excepto una última bala.

Disparó; en lo que dura una fracción de segundo vio el trayecto de la bala como se dirigía a su frente. Su último pensamiento retumbó en su cabeza confundido con el de la bala. “Me parece que hoy no voy a poder ir al Bingo”

Los ciclos de Pendha-Hai

EL CÍRCULO

- Abuelo, cuéntame la historia
- ¿Otra vez? si ya te la sabes de memoria
- jo abuelo¡¡¡¡ es que es tannnnn. tannnnnnnnn............
- vale, vale; siéntate y escucha la historia,........... la historia que me contó mi abuelo y que a su vez a él le contó el suyo; desde hace cien generaciones, desde que el mundo es mundo e incluso desde antes.
..........el circulo estaba cerrado, los siete sabios de Pendha-hai ocupaban sus puestos en torno a la mesa....
- Abuelo ¿ y todos eran sabios?
- Claro , por eso estaban allí;........ eran los más hermosos entre los hombres, los más hábiles entre los artesanos y los mas sabios de los tres planetas del sistema de Pendha-hai. Ordenaban , en su sabiduría, el rotar de los soles; las mareas y los ocasos. Cuando ellos paseaban todo el mundo se humillaba , agachaban sus rudas cabezas y juntaban sus manos implorando la bendición.
- ¿todo el mundo?
- si muchacho, tal era el halo de sabiduría y santidad que desprendían que ni siquiera los orates osaban levantar la testuz y enfrentarles la mirada

..........Se reunían cada día a ordenar la salida del sol mayor; juntaban sus manos y desde el centro del tablero empezaba a surgir la mas maravillosa de las músicas, los arpegios iban izándose girando sobre si mismos ; cuando no distaban mas de un palmo de la mesa se desdoblaban en mil armónicos que continuaban ascendiendo, y que a su vez, cada uno de ellos , volvía a partirse en otros mil hasta llegar a ser un estallido de tambores, oboes y contrabajos cada uno sonando a su son.

Y era tal la energía del estruendo que ,cuando los millones de acordes coronaban la cabeza de los sabios ,se formaba una poderosa bola de luz que culminaba en el cielo de la estancia; entonces los elegidos que eran invitados a tal digno espectáculo mudaban la faz ; de sus ojos empezaban a caer torrentes de lagrimas que se iban vertiendo sobre el suelo del salón, formando un tumultuoso mar de brillantes humores. Y cuando los rayos del recién creado sol incidían sobre la marea de lagrimas todos aplaudían , un nuevo mundo se había creado.

- Abuelo ¿ y crearon muchos mundos?
- Uno cada día durante cientos de miles de años.
- ¿y como se llamaban los sabios?
- Muchacho si ya lo sabes
- Por favor.............

.............Theisan era el mas anciano de todos, era el sabio entre los sabios, y ordenaba el devenir de los tiempos. Sobre sus hombros descansaba la humildad , la maternidad y el valor de los hombres. Paseaba en las noches eternas renombrando a las estrellas.

Cuanthei le seguía en el escalafón, era una de las dos mujeres que formaban el circulo y era la señora de las fragancias, otorgaba el perfume a cada flor y daba un color a cada brizna de hierba.

Tian-boei regia los movimientos de las estrellas menores y el flujo de las mareas, las serpientes se enroscaban entre sus talones y le acariciaban con sus lenguas, cuando alguna en un descuido le mordía, la ira de Tian-boei hacia que las aguas se levantaran y anegaran el nuevo mundo creado.

Sondell conocía como nadie en el mundo las tierras subterráneas, era la otra mujer, amaba con pasión a Tian-boei ; así que cuando este era agredido por uno de sus animales, ella misma estallaba de ira y hacia rugir las tierras con redobles de destructora lava.

Bondian esparcía las semillas de la vida en cada uno de los nuevos mundos, diseñaba desde su tablero mil y una especies de animales ; también era el responsable de repartir la semilla de los hombres, para que poblaran y disfrutaran cada paraíso.

Eboley era el instructor, enseñaba al ser humano las artes y los oficios, era diestro con la aguja , bordando sobre el bastidor de las almas miles de puntadas, tantas como artes.

Y por último y por ello el mas joven estaba Leden, el sembrador de dudas. Ungía los mundos de envidias, locuras y fracasos. Fomentaba las guerras y las peleas.

-¿y eso por qué abuelo?
- Porque hijo mío, para crear nuevos mundos primero se tienen que destruir otros.
- ya............cuéntame abuelo que pasó.

Ese día como otro cualquiera los siete de Pendha-hai se dispusieron a crear nuevos mundos; los elegidos ,como cada día , se sentaron en torno al circulo de sabios y esperaron a que estos alzaran sus manos.
Como cada día ellos levantaron las manos, y a punto de empezar la melodía de la creación Sondell interrumpió el ritual. Se le había desatado la lazada de su sandalia, se agachó para atársela, mientras los otros seis esperaban pacientes cuchicheando entre ellos.

Los elegidos se asustaron cuando ,sin la intervención de los sabios ,las notas empezaron a manar de la mesa. Los sabios perdidos en baldías discusiones sobre como atarse las lazadas de las sandalias ni siquiera se percataron. Y el nuevo sol se formó sobre sus cabezas , pero como no tenia ríos de lagrimas que iluminar comenzó a extinguiese. Cuando el sol era tan minúsculo que ya costaba trabajo verlo en el cenit, los elegidos se levantaron; tal era la pena que sentían que lloraron como nunca ningún elegido había llorado; mientras los sabios continuaban discutiendo ,ahora, de como era la mejor manera de ponerse las togas.

El casi extinguido sol comenzó a crecer de nuevo, con tanta potencia que estallo en cien mil soles. Y cien mil mundos se crearon al unísono, bañados por cien mil mares de lagrimas; y la vida comenzó a formarse en ellos , mientras los sabios discutían sobre la mejor manera de colocarse los abalorios, se poblaron de animales que jamás antes nadie había diseñado, de flores con fragancias nunca conocidas; las tierras se alzaron y se hundieron a su antojo formando continentes , lagos ,mares y cordilleras. Y los elegidos desearon poblar aquellos cien mil mundos y los poblaron.

-Abuelo ¿ y los sabios?
- Quien sabe muchacho, quizás aún sigan discutiendo la mejor manera de atarse las sandalias.
- ¿pero siguen creando mundos?
- Muchacho no has entendido nada.
- Abuelo pero................ ¿ tan importante es como se abrochan las sandalias?
- No muchacho, lo importante es crear mundo. Con sandalias o sin ellas.

EL EXÍLIO

Lágrimas de perla resbalan,
arcoiris de desesperación;
versos huérfanos de oídos,
canciones abandonadas.

Llorar malditos.
Pendha-hai murió.

Estelas de herrumbre
sobre losas plateadas,
áureos reflejos apagados
sobre celosías de esmeril.

Llorar malditos.
Pendha-hai murió.

Acordes abandonados
en yermas esquinas.
Marchitas corcheas
escombrando las mareas.

Llorar .........

Soles deambulando errantes
añorando brillos extinguidos
de almas blancas;
Trampa fulgente.

Llorar.......

Sabios infames,
vagabundos, postergados.
Condenados al olvido.
Por negados, inexistentes.

Llorar...........

Mesa de la creación rota,
estéril matriz de madre primigenia.
Parto amorfo de vidas hueras.
Soñando de prestado.

Llorar malditos
Pendha-hai murió .

LOS ROSTROS

Theisan nunca abandonó Pendha-hai, deambula eternamente disfrazado de tiempo, por cada paso que avanza mil años transcurren para el hombre, por cada cana de su cabeza mil guerras sufren las humanidades. Regaló la maternidad a las hembras de la especie, el valor lo repartió tirándolo al aire, dejando que cada hombre o mujer poseyera lo que sus manos abarcaran, y abandonó a las estrellas condenándolas permanecer anónimas en los infinitos firmamentos.

A veces, algún descendiente de los elegidos, creer ver pasar la errante figura de Theisan. Envuelta en caliginosos halos ; arrastrando tras de sí una cadena de quebrantos , engarzada de clepsidras tañedoras de intervalos. Mil veces maldito, mil veces proscrito el letrado creador de mundos .

Cuanthei mudo sus vestiduras , pintó con los visos de la paleta sus senos, decoró su talle de serpenteantes hiedras; sobre su cabello colocó blasones de inmolación y se oculto de la ira de los favoritos entre los prados de amapolas, para así esconder sus lágrimas de sangre entre el corinto de los ababoles. Y aún ahora continua embadurnando su cuerpo de los más pestilentes cienos, para una eterna expiación.

Tian-boei y Sondell marcharon juntos, pero como bornes magnéticos que se atraen y se repelen eternamente. Hombre y mujer, estado permanente de confrontación, marea que rompe sobre las rocas del acantilado, arena que lucha por sobrevivir en embate de las aguas . Pasión de rocas ígneas apagada por la embestida de la gran ola. Estructuras caóticas , entre tierra y agua , hijos amorfos paridos entre escoria de cantil candente y bautizados en la resaca del ponto. Esperma y óvulo enjugados en la matriz térrea, para volver a fecundarse en la linfa de la plétora. Unión estéril, profusa de vástagos erradicados.

Bondian se trasmutó en crisol, se escondió entre las probetas de los alquimistas y participó como esencia de la piedra filosofal; fermentó junto a las mandrágoras aportando la savia al roble, madera bendecida para comburente de elixires nigromantes. Fue repartiendo su esencia infinita en cada grano de cebada, sobre cada espiga de trigo, en el verdor de los almendros; perenne dolor promediado en cada vestigio vegetal.

Eboley sepultó su sabiduría en el alma de los elegidos, se entremezclo con cada neurona, con cada partícula de los seres humanos. Hiló amalgamas invisibles entre las conciencias y las manos, dictó a los poetas las formula magistral de la cadencia, a los músicos les inspiró el ritmo de los armónicos y a los artesanos les confirió la delicadeza de la talla. Impuso la sed de conocer en las mentes de los hombres, la curiosidad y el inconformismo. Bordó estelas sobre los tapices del conocimiento para guiar al filosofo por el camino del saber.

Leden caminó alegre entre los hombres, disfrazado de adolescente senil, sembró la ira y la envidia; regaló cruzadas y holocaustos. Aplaudió cuando la sangre regó el orbe; inconsciente, joven , maquiavélico; muchacho precoz , maestro en armas y muerte. El destructor.

LA MATRÍZ

La nave se posó lentamente sobre la planicie, y allí permanecio ; algunas veces chorros de vapor escapaban por los respiraderos, pero ninguna puerta o abertura se abrio para dejar descender a los presuntos ocupantes.

El agreste paisaje estaba dominado por altos riscos, rios de lava corrian por los valles y un acre aliento dominaba la atmosfera , los vapores sulfurosos que subian desde los mares de magma coloreaban de amarillo las tierras circundantes. Balsas de agua muerta dejaban escapar a borbotones el furor del interior del planeta. Y la nave , en un ciclo eterno, continuaba dejando escapar sus miserias por los desaguaderos. Cada cien ciclos de rotación del sol planetario , la nave remontaba unos centimetros el suelo y casi imperceptiblemente giraba sobre si misma volviendo a posarse, y de nuevo los aliviaderos dejaban escapar sus halos de vida.

Mil por mil ciclos pasaron hasta completar el circulo, y en cada suspiro de la nave la vida fue creciendo alrededor. Las esporas fugitivas del transporte mutaron a bacterias a causa del azufre ambiental, otros mil ciclos despues aprendieron a combinarse formando organismos bicelulares hasta que un verdin somero se extendió a los pies de la nave; mientras el planeta continuaba su ejercicio de costruccion tectonica; tierras cambiaron de lugar, unas levantandose desde su lecho y otras hundiendose en las profundidades de las aguas muertas.

Durante otros mil amaneceres, el liquido elemento inundo el planeta, acrisolandose con los organismos implantados; extendiendose como una plaga , arrastrados por el oxigenado elemento, a todas las partes del mundo. Nuevos campos de vida se anclaron allí donde el devenir de las aguas chocaban contra terreno firme. Mutando al contacto con los elementos basicos.

Imponiendose la vida desde el fondo de los mares hacia fuera. Y cuando despues de millones de ocasos el primer animal, tenido por tal, ambandonó el lecho marino para respirar en tierra firme , la nave remontó el vuelo y desaparecio entre las borrascosas nubes del azul cielo.

LOS ELEGIDOS

Caminar vástagos malditos.

Buscar a la hembra de la especie
reproducidos para poder morir.
Servir de abono a los campos
proporcionar la savia a la vida.

Que vuestras calaveras tapicen la tierra
que vuestras tibias sean altares a dios;
Caminar vástagos malditos
extender la muerte para acunar la vida.

LA NIÑA

La muchacha fue expulsada del poblado, las pesadas puertas de la muralla se cerraron tras de ella; dentro, la peste, continuó instalada en cada rincón de cada casa, en cada fuente de cada palacio, en todas las aceras y en la base de cada estatua. Desde la muralla del norte los cadáveres de los apestados eran arrojados al río , el hedor se extendía en forma de neblina por la comarca.

La joven lloraba, sujetaba sus harapos entre los brazos, desde lo alto de las almenas la risa vacua del muchacho la hería con punzadas de hiel. Se alejó sin volver la vista, pero sintiendo retumbar en sus oídos la carcajada durante muchas millas.

-¡¡ maldito!!, ¡¡maldito!!- su estomago se revolvió contra ella al rememorar la imagen del muchacho en su pensamiento. Y recordó el principio.

El joven llegó a la ciudad una primavera; ella recordaba verle entrar por la puerta de la muralla, los peregrinos instintivamente se apartaban de el, debería de haberse dado cuenta de la maldad nada mas verla, pero la juventud del chico la nubló el alma. Aquellos profundos ojos castaños la miraron y sucumbió al encanto de lo desconocido. Se acercó a el, en sus manos el cántaro de agua destinado a saciar a los peregrinos le fue ofrecido , el muchacho tomó este de sus manos y vertió el liquido elemento sobre su boca. Por la comisura de los labios escapaba a raudales el agua, empapando su camisa.

La vista de aquello removió a la muchacha, embotó sus sentidos y la arrobó el corazón. El chico la devolvió el cáliz al tiempo que la acariciaba la mejilla, un recuerdo atávico recorrió desde la planta de sus pies hasta las yemas de sus dedos, pero no lo reconoció.

- ¿como te llamas?
- No lo recuerdo, perdí mi nombre en algún lugar del camino, hace muchos siglos.- la carcajada estalló contra la faz de la joven, fue la primera vez que escuchó aquella risa , cargada de matices y sonoridad, una risa que por si sola entonaba una melodía; se dejó acariciar los oídos por ella, la aspiró y la degustó.- Ponme tu un nombre.
-Lei-dein.............
- Ya veremos niña, ya veremos. ¿Donde se puede dormir en esta ciudad?
- Los peregrinos duermen a las puertas de La Casa de los Antiguos.
- Allí están bien los peregrinos, yo busco cama mullida y sabanas confortables.
- La ciudad está llena y todas las camas ocupadas, el festival de la siembra se acerca y los festejos serán grandes este año, la hija del Canciller toma esposo.
- ¿ y tu cama? - le susurró al oído, mientras acariciaba su nuca y dejaba resbalar sus manos a lo largo de la columna vertebral de la muchacha.
- Señor, mi cama es pobre y mi casa alejada.
- No importa, estoy cansado.

La tradición imponía que las jóvenes púber abandonaran la casa paterna al primer vestigio de menstruación, aunque ocasionalmente visitaran el hogar filial, las muchachas deberían mudarse al barrio de las solteras, pequeñas casas donde dormitorio y cocina se comprimían en un pequeño cuarto con un acceso a las letrinas comunitarias. De esta manera ,un sinfín de casuchas rodeaban otra central y mas grande lugar el cual se usaba para el aseo. Lei-dein recorrió con la mirada la plenitud de la estancia, efectivamente amueblada pobremente, aunque bien soleada.

Ella se dejó arrastrar hasta el lecho, el frío recorría su cuerpo, los pezones de sus senos , erguidos, se ofrecían como un manjar apetecible; Lein sentía su pulso acelerarse, otra ciudad mas que devastar esperaba la imposición, el juego esta vez se tornaba interesante, la muchacha era realmente hermosa y se ofrecía sin resistencia; subyugada por la seguridad de Lein , si es qué era ese su nombre, se tumbó sobre el jergón , se relajó y dejó que las manos del joven acariciaran su cuerpo.

De un bolsillo extrajo los frutos de la ira, las cerezas rodaron hasta el vientre deteniéndose en la cavidad del ombligo, el bermellón relucía desprendiendo matices dorados, mientras acariciaba sus caderas los frutos comenzaron a pudrirse, blanquecinos gusanos fueron abandonando el corazón de las cerezas encaminándose hacía la cicatriz ; la adolescente se contorsionaba bajo el cosquilleo, con los ojos cerrados, imaginaba los dedos de Lein describiendo círculos sobre su vientre.

La sonrisa de lo cotidiano se borró de la faz de Lein cuando los instigadores de la ira fueron muriendo antes de alcanzar su meta; no era la primera vez que le sucedía, algunos humanos conservaban mejor que otros los recuerdos atávicos de sus antecesores que les protegían .

La melena rojiza se extendía sobre los hombros y sobre el embozo , jugueteo con los rizos y los mezcló con los suyos propios, las liendres de la miseria se propagaron entre los ígneos cabellos, brotaron como estallidos pariendo cien plagas, pero cada uno de los cabellos de la muchacha se enredó sobre cada insecto estrangulándolo.

Posó sus labios sobre cada uno de los pezones y con su saliva extendió sobre ellos los gérmenes de la envidia, las rosadas aureolas comenzaron a ennegrecer, pero de las mamas comenzó a surgir unas acuosas gotas de leche , maternal ácido, y la brisa arrastró las cenizas de la envidia ya estériles. Lein hipnotizado por la magia defensiva, cubrió a la muchacha, los lascivos movimientos exacerbaban los flujos vaginales permitiendo con facilidad la tarea de propagar la peste, el semen de Lein bañó la vagina de la niña, mas con leves espasmos los ovarios engendraron óvulos sanadores.

Durante diez crepúsculos repitió el ritual y durante los mismos el ceremonial fue infructuoso. El amor propio herido se tornó en resentimiento y después en miedo. Pero sin poder dejar de repetir día tras día el rito obnubilado y arrobado por la maldición de los ojos de la joven. Pero debía de sofocar su alma y sus sentimiento pues su misión era sólo una, dispersar la destrucción. Y esparció su simiente en otros lares , ajena a ello la mujer candente continuó entregando su seno para condonar la ofensa que suponía la propia existencia de Lein.

Y los males se extendieron desde otros cuerpos plagando la ciudad. Los enfermos se hacinaban en las calles, cientos de puertas señaladas con la huella de la peste; miserias publicadas en cada rincón, en cada palacio y bajo cada manto. Mientras la muchacha exhibía su lozanía, inmune belleza de casi mujer, pero nunca ajena a los dardos de la envidia ajena; y el miedo a esta invulnerabilidad arrojó a la joven de la ciudad; condenada al destierro por no compartir el infortunio global.

Desde lo alto de la muralla Lein reía, pero su regocijo era quebranto. Dolor instalado bajo el corazón mientras la mujer se perdía en la nébula de la destrucción.

EL LINAJE DE LEIN

Útero sacro , matraz aglutinador;
alumbrador de versos incorrectos.
Acerbo metamorfoseado en ternura,
inagotable fuente de vida.

Bucle infinito de concepción.
Seno perfecto e incompleto;
pariendo suplicios impecables.
Madre eufónica.

LA MUJER

El manantial brotaba alegre, salpicando con sus fragantes chispas la roca del que manaba; rosarios de acederas poblaban con su pequeñas lileaceas los márgenes de la fuente, arbustos de adonis que destelleaban con ambarinos reflejos sobre las mansas aguas del pozal. Los robles , acacias y enebros conferían al paisaje una dulzura entoldada .

La penumbra se alza , la sangre de Lein alza los brazos e invoca a su padre; ven a nosotros, sangre llama a sangre ; somos los hijos de Lein

Los hijos danzan en torno a la hoguera, bailar malditos, sierpes de destrucción, danzar hijos de la escoria, devastar las siembra de la especie; parto inacabado, eterno deseo ; marchitar los paramos hijos del deseo, patear los fragantes prados de fulgurantes dalias.

Alzar los brazos adoradores de deidades muertas, danzar en torno al fuego creador. Hijos de la escoria divina. Remeros en aguas turbias. Parió eternamente engendros y dioses. Bien y mal .Pena y orgullo .Ciclos completos de muerte. Ángeles turbios hasta donde alcanza el recuerdo. Marchitando su alma , perpetradores de sueños incorruptos.

Saltar hijos , danzar en torno al fuego. Alumbrar el alba con vuestras piruetas.

Escuchar; se acercan; reptando , enredándose entre las madreselvas, son ellos. Miles de sombras oscuras que trepan enderededor. Ocultaros hijos míos. Se acercan. Vástagos malditos.

¿ los oís? Son ellos. Los efebos de la destrucción. Se arrastran, reptan y os buscan. Esconderos. Madre protégelos. Son el desecho del hombre. Hijos de Lein mirar como se acercan. Señora protégelos.

Son inocentes , son tiernos;¡¡¡ malditos¡¡¡ Fruto del parto eterno, estirpe de la ira.¡¡¡¡ Protégenos madre¡¡¡¡ Déjalos crecer, déjalos danzar en torno al fuego, déjalos redimir su ascendencia .

Lein, te amo. Tómame de nuevo. Abrázame con lazos de maldad.

Suenan sus galopes furibundos.
Se acercan.
Mi alma los añora.
Sed de lujuria.

Tómame de nuevo,
golpea tu martillo contra mi sien
Frutos del verso maldito
llenar mi vientre.

Galopa malditos,
hacia mi,
eternamente añorados,
eternamente deseados.

El fuego se acerca,
quema mis entrañas
renacen los vástagos;
enardecen mi espíritu.

Ven Lein, tómame de nuevo
abrázame y aparta de mi la paz
ven tesoro de las arpías;
Te añoro, te deseo; Tómame.

Se acercan hijos míos,
correr a esconderos;
Vienen por mi, los deseo;
les pertenezco, son mi vida.

Malditos, tomarme.
Encenderos sobre mi cuerpo.
Estoy preparada.
Enjugaros en mi sangre.

Lein , te añoro.
Estos son tus frutos;
malditos herederos de la tierra.
El fuego me alcanza y me consume.

Te amo Lein,
soy el cáliz de tu existencia.
Soy el crisol de tu esperma,
te amo Lein; destructor.

Verso proscrito,
madre proscrita.
Sueños envenenados,
premonicion de futuro.

LA REBELIÓN

Escuchar la voces del viento,
pausadamente;
te están hablando.
Escuchar como se acerca la tormenta,
paso a paso;
el rugir del trueno,
el compás de las gotas de lluvia que caen.
La tierra huele a humedad.
Mirad al firmamento ,
dejad que la refrescantes gotas aparten de vuestro rostro el calor de la pasión.
Mirad al horizonte, el astro se levanta.
Un nuevo día se esta pariendo.
Los dolores de la tierra contraen el aire.
Corred hijos de Lein.
Buscad la fragancia de las nuevas flores que renacen.
Calmad vuestra sed en los arroyos de la desdicha.
Cuanto os amo.
Los tambores del alba os están invocando.
Desplegad sobre la tierra vuestro rastro de destrucción.
Hijos de la desdicha,
malparidos ángeles.

LOS ELEMENTOS

Fuego

Te quiero por que te quiero,
porque me nace del alma;
porque no alcanzo a vivir
sin tus ojos y sin tu mirada;
por que eres mi frenesí,
amor que surge de mis entrañas.
Amor de hombre ,
amor marchito que acaricia mi espalda,
recorre mi cuerpo , poséeme al alba.
Que te amo , sólo lo sabe dios,
tu cuerpo y mi cuerpo unidos sobre la almohada.
Méceme en tu seno, arróbame la calma,
que te quiero porque te quiero,
por que me nace del alma.
Por que llenas mi copa de múltiples fragancias,
por que tus suspiros son melodías
que enardecen mi cama.
Te quiero por que te quiero,
por que así lo dicta mi alma,
que eres la savia que a mi corazón alcanza.
Versos incompletos
que angustian mi vida,
eres fuente de mis males,
eres fuente de mi desdicha.

Aire

El aire se plaga de silencio, se corta en mil porciones de etéreos suspiros, las hojas de los arces comienzan su danza, la brisa torsiona las espigas ; el silencio precede a la lucha, marchitos juncos rasgan la eternidad.

El silencio inunda la marisma. Las mansas aguas encrespan sus cenit, rompiendo contra la orilla. Una danza de muselinas precede al holocausto. Silencio, atroz y vacío silencio. Las hojas de los nenúfares se mecen indolentes sobre el ecléptico liquido. La marcha nupcial se interrumpe.

Mil destellos rasgan la serenidad. Los de Lein miran el cielo.

Padre te invocamos. Otórganos tus bondades. Concédenos la simiente de la plaga.
Madre te invocamos. Otórganos la veleidad de tu espíritu. Concédenos la estirpe de los sabios.

Danzamos al ritmo de las llamas. Alzamos nuestros espíritus en honor a nuestros progenitores. Que seamos propagadores de muerte y vida. Os amamos porque somos.

Tierra

Brama el orbe; nuevas tierras se acomodan. Los hijos pestilentes caminan junto a los inocentes. Binarios párvulos paridos en complicidad. Frutos del amor de Lein, mielgos espíritus enfrentados. Nueva especie destinada a poblar el mundo.
Hijos que añoran el útero materno ya repleto de una nueva generación, pronta a ser parida. Eternamente, continuamente; en un ciclo perpetuo con un principio pero sin final. Bipolares engendrados sobre las semillas de la peste. Furibundos delfines del destructor. Resultado de un único amor.
Lein observa, mira desde las sombras a su descendencia. Estira su mano para tocarlos, pero se difuminan como espectros al amanecer. Es la maldición, su maldición. Lein mira a su amada; acaricia con la mirada la bermeja cabellera y la añora. En las cenizas de su corazón se inflaman los rescoldos del querer. Clava las garras en la tierra, grita al firmamento; un fugaz estallido , el ensordecedor rumor nace de las entrañas ,se transmite de roca en roca, marchitando montañas; elevando nuevas cordilleras reflejo de él.

Y la dama de plomizos cabellos sonríe al escuchar el llanto. Y canta. Y el ensalmo calma el fragor. Y promete venideras dichas juntos, y Lein se aleja insuflado de esperanza.

Agua

Alba, nívea , plateada agua sólida se desplaza plácidamente , corriendo tumultuosa en su corazón, perpetrando vida a su paso. Desbordando torrentes invernales, arrastrando las culpas; enjugándolas, limpiándolas.

Las campanillas del viento lucen policromáticas sobre el manto invernal. Perdido el fulgor el liquido elemento se sosiega, discurre sereno entre valles aportando mansedumbre a la flor del almendro. Cellisca que se esconde bajo tierra para volver a surgir filtrada y pura en el aguamanil.

Reflejos fugaces nublan la remansa. Figuras felices que se reflejan distorsionadas mientras corren por la pradera. Chiquillería que se zambulle en las etéreas aguas para llenar los cántaros , salpicándose y riendo inocentes.

Madre que los observa, sonrisa amorosa que beneplácita. Carcajadas indolentes que plagian los cantos de las aves, el rugir de las alimañas y el tronar de la tormenta.

Hijos de Lein, creced.

LA ANCIANA

Cuando el último hijo nació traía en su corazón el amuleto de la absolución. Germinó de noche, rodeado de ternura y condonación. Heredó de su madre el taheño cabello, la mirada clara y el errar meditabundo. De su padre la donosura ,el denuedo y la insensatez. Miró el galimatías celestial y sonrió.

Cuando todos los hijos abandonaron el seno él se quedó junto a su madre, peinó sus ígneos cabellos y aprendió de ella la magia vegetal, la espera paciente y el amor infinito. Y fue quien abrió a su padre las puertas del regreso. Acomodó los cansados cuerpos junto al hogar, entrelazó sus manos y santificó la unión. Y cerró el libro de los antiguos para comenzar una nueva era.

La nave remontó el vuelo y desapareció entre las borrascosas nubes del azul cielo............ y el zaguero la vio alejarse.

Veteris memoriae recordatio

Hoy me desperté temprano pero cuando miré el reloj era demasiado tarde. Tomé el autobús con destino a la luna y cuando miré por la ventanilla las olas del mar rompían contra la azotea de mi casa. Me miré las piernas y descubrí que eran tentáculos gelatinosos. Encontré un espejo donde reflejarme y la imagen se disolvió en una mancha de aceite. Soy un monstruo y no me gusta madrugar.

Hoy he muerto, me llevan a enterrar cual Señor Don Gato. Los gusanos empiezan a recorrer mis tentáculos gelatinosos, pequeños escarabajos necrófagos escarban entre mis víscera purulentas.
Golpeo el ataúd y fuera ríen a carcajadas. Escapo entre las tablas carcomidas en mi metamorfosis oleaginosa.
Sobre mi brazo derecho están empezando a surgir verdosas y escurridizas escamas; algunas quedaron enganchadas entre las tablas ajadas del ataúd y los perros siguen mi rastro por ellas. Repto por los lodos de la fangosa marisma, las sanguijuelas huyen de mi.
Con mi brazo aún sano trato de asirme a un árbol, uno de mis dedos se ha convertido en gusano, una astilla del sauce se clava en la palma de mi mano y el dedo gusano se tira feroz a lamer la sangre. Un saltamontes me mira; me lo como.
He conseguido alcanzar tierra firme, aunque aún continuo perdiendo escamas, el olor del fango de la ciénaga se superpone sobre el que desprende la caspa verdosa. Según voy avanzando por tierra firme mis tentáculos empiezan a resecarse y agrietarse; empiezan a manar hilillos de sangre allí donde las grietas se hacen más profundas. Tengo que tener mucho cuidado, mi dedo gusano se lanza contra las heridas en cuanto me descuido.
Oigo ruidos cerca de mí, me asomo entre los arbustos que delimitan el camino. Una niña camina pausadamente por la senda. Me viene a la memoria la imagen de Frankestein y el columpio. Trato de gritar, pero de mi boca lo único que sale es una baba ácida, donde gotea comienzan a surgir calvas en la hierba al tiempo que los restos se cuecen en la saliva.
La niña se aleja hacia la granja que está en el horizonte. El saltamontes que cené anoche me está dando ardores de estómago.
Ya casi no puedo avanzar, una babosa me adelantó hace cinco minutos y ahora se vuelve constantemente a sacarme la lengua; le lanzo un escupitajo y comienza a hervir en mi acidulado jugo salivar.
Lejos se oyen de nuevo los ladridos de los mastines, deben de haber reencontrado mi rastro. Quiero huir más deprisa , el corazón se acelera con el esfuerzo; la adrenalina tiñe mi brazo sano con un color cenizoso. Hace un par de horas mi gusano dedo se ha empezado a transformar en capullo, ahora está rígido y la seda pegajosa tiene incrustada trozos de hojas secas.
Paro un momento y trato de tomar aliento, algo me cosquillea en la espalda; me toco con mi mano sana. En las uñas han quedado desgarrones de piel, huele mal. Al mover la cabeza las vértebras han crujido, ahora puedo mover mi apéndice cerebral 360 grados . Sobre mi columna vertebral comienza a crecer una cresta.
El sol está alto y calienta demasiado; las úlceras de mis tentáculos comienzan a segregar un líquido viscoso. Me escondo tras unas rocas y lamo mis heridas. Por donde pasa mi lengua las heridas quedan cauterizas. La sangre envenenada tiene un gusto agrio, la absorbo con vehemencia.
La sangre no ha calmado mi sed pero al menos mi saliva ya no es tan ácida. Mi cuerpo sigue mutando , mi brazo sano que hasta ahora sólo era gris esta cogiendo un tono negruzco. Lo que antaño fuera un fuerte y castaño cabello ahora se cae a mechones, en su lugar empieza a crecer una pelusilla enmarañada , desagradable y probablemente con vida propia.
Hace rato que cayó la noche pero no me atrevo a moverme de mi escondrijo, hay cientos de ruidos nocturnos que no presagian nada bueno. Oigo el ruido de un coche, me asomo con precaución. El vehículo circula despacio, por la ventanilla del conductor un hombre de gesto huraño olisquea el aire, se detiene junto a mi; desciende y comienza a dar patadas a los arbustos. Temo que me pueda descubrir , pero no, se aparta un poco y comienza a orinar detrás de un árbol. Aprovecho y me deslizo bajo el coche, con mi brazo aún humano me agarro a la rueda de repuesto.
El vehículo reanuda la marcha; soy un pasajero indeseado, lo sé, pero no puedo evitarlo. Llegan hasta mis fosas nasales el olor a humano, el hambre arrecia de nuevo, trepo hasta el interior del automóvil, el conductor ni siquiera se ha percatado de mi presencia. Enrosco mis tentáculos en torno a su cuello, pierde el control del coche y nos estrellamos contra un árbol. Tiene una gran brecha en la frente aunque aún continúa vivo. Siento lástima por él pero el hambre es superior a mis remordimientos.
Comienzo succionandole las cuencas oculares, clavo uno de mis tentáculos en sus entrañas y me como sus vísceras palpitantes.
Estoy saciado, abandono el coche y pesadamente me escurro por la cuneta. Encuentro un oquedal entre dos grandes rocas y me duermo. Mi mente divaga en sueños.
Sueño que soy humano de nuevo, compro un diario en el kiosco de Park Aveniu. Lo abro en la sección de sucesos pero las letras se difuminan en mis ojos, un gran dolor me lacera las piernas.
Despierto, dos enormes mastines me arrastran fuera del refugio. Les escupo y el ácido los ciega. Llevan en sus bocas trozos de mis putrefactos tentáculos.
No se cuanto tiempo ha pasado desde que perdí el conocimiento. Al despertar mis ojos se han cegado con una potente luz. He intentado moverme pero lo que dejaron los mastines de mis tentáculos está atado con correajes; al igual que mis brazos. Intento mover la cabeza pero me pesa mucho.
De mi pecho surgen innumerables electrodos que acaban en unos enormes ordenadores. Multitud de gente se mueve a mi alrededor. De mi boca empieza a surgir babas espumosas. Una enfermera diligente me limpia y me coloca una mascarilla con oxigeno. Vuelvo a dormirme.
Mis sentidos me han alertado, siento como me izan ; entreabro los ojos , una película me nubla la visión. Me esfuerzo en ver lo que está pasando, mis ojos giran hasta un ángulo desconocido para mi. Mi cuerpo está siendo elevado por una pequeña grúa, debajo un gran tanque de agua me espera.
Hasta ahora no había notado que mi respiración es dificultosa, no veo las aletas de mi nariz moverse al inspirar y espirar, pero el aire entra por algún lado. Veo mi reflejo en el aluminio pulido de la grúa. Donde antes estaban mis orejas ahora nacen unas rojizas agallas.
Me pica la espalda; adivino en ella una aleta dorsal. Me introducen en la piscina, la sensación al introducirme completamente en el agua es de un aterrador ahogo. El líquido penetra sin dificultad donde antes estuvieran mis pulmones, ahora una cavidad vacía; procuro tranquilizarme y que mi nuevo organismo asuma los cambios.
Me muevo con agilidad dentro del agua, está templada. Diminutas burbujas escapan por las agallas. Nado hasta el exterior pero el aire me produce mucha fatiga, vuelvo a sumergirme.
Hace días que mi cuerpo no realiza ningún nuevo cambio, la mutación parece finalizada. Devoro incansablemente grandes trozos de carne que los empleados me arrojan, han de tener cuidado de no acercarse demasiado a mi. Algunas tardes un reducido grupo de médicos me visitan, golpeo contra las paredes de mi recinto acuoso.
Llevo meses aquí, ayer un empleado se acercó demasiado a la hora de darme de comer; he dejado sus extremidades para la noche, no tengo más hambre. La enfermera que me limpiaba la baba cuando aún respiraba me visita, al contrario que los demás su mirada es muy dulce. Nos pasamos horas mirándonos, se sienta delante de la pared acristalada y a veces lee para mi.
Me llamo Howard Phillips Lovercraft y nunca debí de escribir sobre los Cthulhu.

LA DAMA INCOHERENTE

La mujer, para la Iglesia Católica, no deja de ser nada más que la representación del primer y más aborrecible de los pecados, el Pecado Original. Fue ella quien, haciendo caso omiso a Dios, tomó la manzana del árbol y se la ofreció a Adán, quien la mordió. El estigma ha perdurado, generación tras generación del ser humano.

María nunca fue una niña sencilla, sino sombría y taciturna, a la par que amable y gentil; sintió pronto en sus carnes el eterno sufrimiento del amor: amó como puede amar una adolescente, febrilmente, entregada y soñadora, dando todo de sí en busca de cariño y comprensión. Siempre miraba al fondo de los ojos buscando algo, escrutando las mentes y sonriendo para sí. Profundos ojos azules, cambiantes como las estaciones, unas veces agrisados pasando por toda la gama hasta llegar al azul verdoso, ojos de niña dulce con alma hostigada.

María corre, las espigas del trigo flagelan su cara, ciegan sus ojos, pero no se detiene. En el horizonte, el ocaso llama a las estrellas y María corre; su peto vaquero sisea al roce de sus muslos, muslos ágiles y breves, caderas anchas, cintura escueta . María llora, y sus ojos enrojecidos despiden destellos de vida, cada lágrima es un hijo, difícil de parir, un hijo especial, que resbala por sus mejillas, tibias y saladas y cada lagrima que cae al suelo germina , concienzudamente, apresando entre sus pétalos de amapola todo el dolor de la tierra. Rastro de flores rojas se levanta entre las espigas mientras María corre.

María mira al cielo, intentando redescubrir las constelaciones: antiguos héroes reflejados en tenues brillos de lugares lejanos, lugares a miles de vidas de distancia, pero tan cercanos, ojos entornados de niña sabia, que leen vidas pasadas en cúmulos de brillos imposibles.Ojos que miran millones de estrellas, pasados remotos, almas que la acompañan y María siente por primera vez que no está sola , que renace de sus adentros el espíritu valiente de añejos titanes.

María mujer,madre, señora, carne de cama tibia de verano, que abraza a la serpiente entre sus senos en lugar de tomar la manzana prohibida, que se deja amar y ama , que se entrega y reclama su porción de lujuria. Generadora de vida, parturienta inconforme , mujer proscrita. Señora de tenues canas, cada una de ellas añorada, deseada, aceptada; reflejos de dolores ajenos, de alegrías extrañas, de confidencias tras la fragancia del vino, canas que son energía, canas que son sabiduría de otras experiencias, receptora del dolor ajeno .

María mira a los ojos de la muerte, la reta y la desprecia; indolente halo de frialdad nívea que la arropa, toma su mano y caminan juntas, y María le muestra las estrellas, los bermellones campos de amapolas y los plomizos trigales, le muestra el sabor salado y agrio de los cuerpos tras amarse, le cuenta la historia de cada una de sus canas, y juntas lloran las desdichas aciagas y las alegrías . María agarra fuerte su manto, mira solamente una vez atrás, y se arropa en el olvido. María yace , su rostro, pálido, frío e inexpresivo, vida completa, aprovechada , y viaja al infinito con su corte de constelaciones, cruzando el río del olvido mecida al compás del remo de Caronte.