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<rss xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0"><channel><atom:link href="https://la-web-ona.blogia.com/feed.xml" rel="self" type="application/rss+xml"/><title>LA WEB-ONA</title><description>SI ESTAS AQU&#xCD; ES PORQUE HAS VENIDO</description><link>https://la-web-ona.blogia.com</link><language>es</language><lastBuildDate>Sun, 10 Dec 2023 12:02:20 +0000</lastBuildDate><generator>Blogia</generator><item><title>Lumumba, El &#xC9;xodo 2&#xAA; parte</title><link>https://la-web-ona.blogia.com/2006/041901-lumumba-el-exodo-2-parte.php</link><guid isPermaLink="true">https://la-web-ona.blogia.com/2006/041901-lumumba-el-exodo-2-parte.php</guid><description><![CDATA[<span>Pero volvamos a los delirios on&iacute;ricos de Lumumba; dentro de lo variopinto que resultaba la poblaci&oacute;n de la sabana, Lumumba siempre hab&iacute;a sentido un especial aprecio por las hienas, no porque estos carro&ntilde;eros tuvieran dos penes como pudiera creer cualquier mal pensador, m&aacute;s bien porque siempre estaban riendo. Ya pod&iacute;as estar d&aacute;ndoles palos que los bichos no paraban de re&iacute;r y esa sin par alegr&iacute;a y ese positivismo a la hora de enfrentar la vida llenaban a Lumumba de un sentimiento que podr&iacute;amos reflejar aqu&iacute; como un no rendirse a la adversidad. Ya sabemos, ustedes y yo, que las hienas no se r&iacute;en que su fingida alegr&iacute;a no es m&aacute;s que un rictus gen&eacute;tico. Pero que quiere que les diga, nunca nadie se atrevi&oacute; a quitar tan peque&ntilde;a ilusi&oacute;n a nuestro protagonista.<br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span>Y entre jeringazo de Novoca&iacute;na y de morfina, es que eran pel&iacute;n bestias los m&eacute;dicos de las urbes africanas, Lumumba no terminaba de salir de su estado let&aacute;rgico. Ya pod&iacute;an darle de leches que no hab&iacute;a manera y s&oacute;lo cuando una de las enfermeras, un poco rarita ella, acun&oacute; las narices de Lumumba entre sus turgentes senos pareci&oacute; Lumumba que daba unos d&eacute;biles atisbos de consciencia. Sobre todo porque aunque el paciente no terminaba de despertar tuvo que intervenir medio servicio de seguridad del hospital para conseguir arrancar las manos de Lumumba de los maternales pechos. Todo<span>&nbsp; </span>cosa del trauma infantil al perder a su madre a tan temprana edad y no haber tenido un destete adecuado. <br /></span><span>&nbsp;<br /></span><p><span>Desde luego, viniendo de donde ven&iacute;a Lumumba<span>&nbsp; </span>no se present&oacute; ning&uacute;n familiar para atenderlo por lo que las enfermeras y alguna doctora que otra tomaron bajo su tutela el restablecimiento emocional del chico cosa que desde luego Lumumba agradeci&oacute; encarecidamente. Y ya fuera porque Lumumba jam&aacute;s hab&iacute;a tenido contacto con el mundo moderno o por su propia imbecilidad el traum&aacute;tico paso de la vida salvaje a la m&aacute;s pura civilizaci&oacute;n no caus&oacute; ning&uacute;n da&ntilde;o mental<span>&nbsp; </span>que a&ntilde;adir al del destete. </span></p><span><p><span>La recuperaci&oacute;n fue lenta cosa que agradecieron, como ya hemos dicho las enfermeras, alguna que otra doctora y la esposa del moribundo de la cama de al lado pues Lumumba pag&oacute; sus desvelos con lo &uacute;nico que era suyo, el hatillo con los tres trapos se qued&oacute; en medio de la carretera donde fue atropellado, y que siempre le acompa&ntilde;ar&iacute;a all&aacute; donde fuese; su extraordinario potencial amatorio o para ser m&aacute;s exactos<span>&nbsp; </span>con su descomunal falo.<span>&nbsp; </span>Porque los habitantes de la sabana no tienen pene, minga o manolita; tienen falo que es m&aacute;s como de selva y Lumumba podr&iacute;a llegar a ser lo que fuera pero la selva nunca sali&oacute; de sus venas. Incluso mucho tiempo despu&eacute;s, cuando viv&iacute;a displicentemente en una enorme mansi&oacute;n de Beverli Hills<span>&nbsp; </span>conserv&oacute; en un peque&ntilde;o cuarto el medio kilo de arena de la sabana que le extrajeron del est&oacute;mago despu&eacute;s del atropello. Medio kilo de arena y un par de buj&iacute;as, pero conservar las buj&iacute;as no le pareci&oacute; muy tribal con lo que las desech&oacute; en un contenedor de restos humanos que encontr&oacute; a su salida del hospital.<br /></span></p><span>&nbsp;<br /></span><span>Buj&iacute;as, que por cierto, provocaron un enorme incidente en la planta de reciclaje de restos humanos y que fue encadenando hechos hasta acabar con el derrocamiento del gobierno del pa&iacute;s. Y es que<span>&nbsp; </span>Lumumba en su imbecilidad cong&eacute;nita derroc&oacute; gobiernos y elev&oacute; ideales a los m&aacute;s altos estamentos mundiales. Mayormente porque la desconsolada acompa&ntilde;ante del moribundo, vecino de habitaci&oacute;n hospitalaria de Lumumba, a causa de la larga convalecencia de este cogi&oacute; unas ladillas solo encontradas hasta aquel d&iacute;a en el aparato reproductor de las vacas selv&aacute;ticas. Y este hecho consagr&oacute; a un afamado doctor especialista en enfermedades ven&eacute;reas hasta llegar al estrado de la fastuosa Academia de la M&uacute;sica de Estocolmo donde fue a recoger su N&oacute;bel en medicina<span>&nbsp; </span>por haber acabado, no sin un arduo trabajo de investigaci&oacute;n y <span>constantes desvelos, con la mayor plaga de ladillas selv&aacute;ticas que jam&aacute;s se conoci&oacute; en el mundo entero.<span>&nbsp; </span><br /></span></span><span /></span>]]></description><pubDate>Wed, 19 Apr 2006 18:51:00 +0000</pubDate></item><item><title>Lumumba, el &#xE9;xodo. 1&#xAA; Parte</title><link>https://la-web-ona.blogia.com/2006/032901-lumumba-el-exodo-1-parte.php</link><guid isPermaLink="true">https://la-web-ona.blogia.com/2006/032901-lumumba-el-exodo-1-parte.php</guid><description><![CDATA[<span style="font-size: 12px; font-family: arial,helvetica,sans-serif">Tal vez fuese por sus anhelos de conocer otras tierras, tal vez<span>&nbsp; </span>por los sue&ntilde;os de adolescentes, o simplemente porque era obligado a dejar esas tierras por patas. <br /></span><span style="font-size: 10px">&nbsp;</span><br /><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif">El hecho de que tuviese que salir a muy temprana&nbsp; hora de la ma&ntilde;ana, con los cuatro trapos (3 de ellos en el atillo) y una lanza, fue el inicio de una nueva etapa de su vida, la adolescencia quedaba atr&aacute;s, en ese poblado&hellip; Ahora ya era un hombre (bueno, un desastre de hombre) Nadie de su poblado sab&iacute;a qu&eacute; exist&iacute;a m&aacute;s all&aacute; del paraje Suruya, l&iacute;mite de seguridad marcado por esa tribu, m&aacute;s all&aacute; de ese per&iacute;metro la aventura era segura.</span> <br />&nbsp;<br /><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif">El sol despuntaba cuando Lumumba&nbsp; traspasaba el l&iacute;mite de Suruya, es decir, comenzaba LA AVENTURA, lo primero que se encontr&oacute; fue un &ldquo;charco&rdquo; excesivamente grande que hab&iacute;a que cruzar,&nbsp; y un barrizal con unos &ldquo;troncos&rdquo; que se mov&iacute;an torpemente hacia &eacute;l&hellip; Intuyendo que aquellos &ldquo;troncos&rdquo; no le simpatizaban mucho (la comida vegetariana no hab&iacute;a sido nunca su fuerte), inici&oacute; el vadeo del r&iacute;o. Curiosamente esos troncos cuando entraban en el agua se volv&iacute;an mucho m&aacute;s r&aacute;pidos y amenazantes. R&aacute;pidamente tambi&eacute;n averigu&oacute; que no hab&iacute;a sido buena idea cruzar a esas horas por ah&iacute;, su miedo fue creciendo, y un exceso de adrenalina se apoder&oacute; de &eacute;l, dando muchas m&aacute;s brazadas de las que &eacute;l cre&iacute;a posible, atravesando el &ldquo;charco&rdquo; r&aacute;pidamente, los &ldquo;troncos&rdquo; se enredaron en una pelea por un desayuno inexistente, siendo uno de ellos el desayuno.</span> <p style="font-family: arial,helvetica,sans-serif">M&aacute;s tarde descubri&oacute; que el nombre real de esos &ldquo;troncos&rdquo; tan poco recomendables era Cocodrilos.<br /></p>&nbsp;<br /><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif">Su cuerpo atl&eacute;tico comenzaba a resentirse de las aventuras al estilo &ldquo;Mortadelo y Filem&oacute;n&rdquo;. Su sed comenzaba a ser la del desierto del Gobi. Definitivamente, toda aquella situaci&oacute;n hab&iacute;a que solucionarla.&nbsp; Al llegar a un claro, vio un monstruo que corr&iacute;a mucho y hac&iacute;a un ruido infernal (para nosotros un todo terreno) y unos seres muy parecidos a &eacute;l pero que parec&iacute;an enfermos por el color tan p&aacute;lido que ten&iacute;an. Con una vestimenta un poco payasa. Nada propio para caminar por una sabana. Acechando y vigilando sus movimientos, en un descuido, asalt&oacute; su despensa y cogi&oacute; lo que le pareci&oacute; conveniente, junto con una botella rara que pon&iacute;a&nbsp; J-h-o-n-y&nbsp;&nbsp; W-a-l-k-e-r. Inmediatamente se fue bajo un &aacute;rbol y all&iacute; devor&oacute; la carne&hellip; Era extra&ntilde;a, sab&iacute;a a pl&aacute;stico y su nombre era M-c-D-o-n-a-l-d-s. Para dejar buen sabor de boca, bebi&oacute; ese &ldquo;agua&rdquo; tan extra&ntilde;a, apenas de un trago. Sudores y euforia se hicieron fuertes en su cuerpo, comenz&oacute; a saltar sin sentido, a dar tumbos y marearse (era un Lumumba en estado incontrolado, bueno, a&uacute;n m&aacute;s incontrolado). Sali&oacute; a la pista de monstruos de acero (carreteras para nosotros) y all&iacute; tras una exhibici&oacute;n rid&iacute;cula de guerrero machito, un jeep se lo llev&oacute; por delante.<br />&nbsp;<br /></span><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif">Su entrada a la ciudad fue inconsciente, como toda su vida&nbsp; y por la puerta de urgencias de un centro hospitalario (la vida de Lumumba siempre ha tenido cierta urgencia&hellip; hacia el caos).<br />&nbsp;<br /></span><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif">En los primeros estadios de su inconsciencia Lumumba so&ntilde;&oacute;. Otro accidentado en su caso no hubiera sentido nada; se supone que el estado de inconsciencia es, por decirlo sencillamente,&nbsp; como cuando se funde un fusible pero Lumumba ten&iacute;a que so&ntilde;ar. Y claro est&aacute; so&ntilde;&oacute; con lo que &eacute;l conoc&iacute;a bien, la sabana. Cientos de leones y leonas paseaban amigablemente con &eacute;l mientras manten&iacute;an animadas charlas sobre el sentido de la vida y el fin &uacute;nico de la existencia. No es que los leones no mantuvieran estas profundas charlas, pero nunca se ha sabido que compartieran esos pensamientos con humano viviente. Los leones de la sabana es lo que tienen, una fama de fil&oacute;sofos que para que vamos a contar.&nbsp; Pero no os extra&ntilde;&eacute;is, Lumumba en alg&uacute;n rec&oacute;ndito lugar de su cerebro ten&iacute;a algo parecido a la inteligencia, incluso si alguien especializado hubiera cogido al chico cuando a&uacute;n era peque&ntilde;o hubiera logrado hacerlo parecer hasta listo. <br /></span><br />]]></description><pubDate>Wed, 29 Mar 2006 17:54:00 +0000</pubDate></item><item><title>Lumumba ese adolescente</title><link>https://la-web-ona.blogia.com/2006/030803-lumumba-ese-adolescente.php</link><guid isPermaLink="true">https://la-web-ona.blogia.com/2006/030803-lumumba-ese-adolescente.php</guid><description><![CDATA[<span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif"><span style="font-size: 14px">Corr&iacute;an los 12 a&ntilde;os por las venas de Lumumba, sus hormonas comenzaban a hacer estragos en su cuerpo, y los sue&ntilde;os de guerrero, se entremezclaban con enso&ntilde;aciones er&oacute;ticas, desembocando muchas veces en poluciones nocturnas y diurnas. Estas enso&ntilde;aciones se acentuaban, al estar viviendo con la familia del hechicero. Sus dos hijas Nikimba y Rual eran dos bellezones gemelos de constituci&oacute;n sexual sin precedentes. Ambas jugaban a ser las madres adoptivas de Lumumba, puesto que eran un par de a&ntilde;os mayores que &eacute;l. El cambio hormonal de nuestro amigo le hac&iacute;a ser un proyecto de un &ldquo;negrazo&rdquo; que dir&iacute;amos los blancos. Su virilidad estaba fuera de toda duda y d&iacute;a a d&iacute;a comenzaba a despuntar como uno de sus mayores &ldquo;activos&rdquo; ,<span>&nbsp; </span>en perjuicio de su Sentido Com&uacute;n que disminu&iacute;a progresivamente y con relaci&oacute;n al crecimiento de sus atributos.</span><br /></span><span style="font-size: 14px"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif">&nbsp;<br /></span><span style="font-size: 14px">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif"> Soplaban las 14 primaveras de este botarate, cuando un buen d&iacute;a, y tras padecer un resfriado sabanero (de la Sabana, me refiero), las enfermeras Nikimba y Rual dedicaban parte de su tiempo a cuidar a ese tesoro que pronto le dar&iacute;a unos &ldquo;excelentes momentos&rdquo; (la brujer&iacute;a de aquellos cuerpos femeninos pronto curar&iacute;a el mal de Lumumba, pero encender&iacute;a otro, a&uacute;n m&aacute;s dif&iacute;cil de apaciguar). Las fiebres hab&iacute;an hecho delirar m&aacute;s de lo necesario al muchacho, por lo que las enfermeras no cesaban de rondarla con sus hechizos, aquella noche fue interminable, tiritonas y sue&ntilde;os incoherentes, hicieron que las dos hechiceras, desnudas, se arrimaran al cuerpo convaleciente de Lumumba.</span> <span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif">El d&iacute;a lleg&oacute; con nuevas perspectivas de vida, y un nuevo Lumumba renaci&oacute; de entre los cuerpos macizos de las bellas hechiceras&hellip; Claro que despu&eacute;s de aquella experiencia, quiso repetirla diariamente, por la ma&ntilde;ana, al mediod&iacute;a, en la merienda y a la hora de la cena. Por decirlo de una forma suave, &ldquo;era una enfermedad incurable&rdquo;. <br /></span>&nbsp;<br /><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif">El hechicero se enter&oacute; como por casualidad, Indigna (la chismosa del poblado) le fue con el cuento. Y Lumumba dej&oacute; de &ldquo;mamar&rdquo; de las fuentes de la &ldquo;sabidur&iacute;a&rdquo;. Tuvo que resolver pronto el problema de alojamiento, <span style="font-size: 14px">y con ayuda </span></span></span><span style="font-size: 14px">de <span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif">sus enfermeras logr&oacute; hacer una choza acorde con su status (un picadero de 30 pajas cuadradas, medida que se utilizaba desde la muerte del Jefe Yinga Dura (viejo que cuando no ten&iacute;a pareja se masturbaba entre las hierbas).</span></span> <p style="font-size: 14px; font-family: arial,helvetica,sans-serif">Y ese fue su casa,&nbsp; y su forma de ganarse la vida, el primer prostituto de un poblado africano. All&iacute; iban desde la mujer despechada del guerrero cascarrabias hasta las hijas del hechicero. Estas hab&iacute;an hecho una campa&ntilde;a publicitaria sin igual en el poblado. <br /></p><span style="font-size: 14px"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif">&nbsp;<br /></span><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif">La fama de play boy se extendi&oacute; pronto por todo el territorio. Ya con 17 a&ntilde;os, era un mito sex-simbol para las mujeres y un mito sexual para los hombres. Todo esto dur&oacute; muy poco, un d&iacute;a de oto&ntilde;o tuvo la grave ocurrencia de acostarse con la mujer del jefe de una tribu enemiga, inici&aacute;ndose una guerra tribal. &iquest;Consecuencias? La expulsi&oacute;n del poblado a cambio de un armisticio.<br />&nbsp;<br /></span><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif">Lumumba maldijo su armamento, mientras el agua de la &uacute;nica tormenta de todo el verano arreciaba sobre su cuerpo&hellip;<br /></span>&nbsp;<br /></span><p style="font-size: 14px; font-family: arial,helvetica,sans-serif">Y as&iacute; comenz&oacute; la &eacute;poca del destierro&hellip;</p><p style="font-size: 14px">&nbsp;</p><p style="font-size: 14px"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif">Fdo. Fuentes ap&oacute;crifas&nbsp;infernales</span>&nbsp;</p><p style="font-size: 14px">&nbsp;</p><p style="font-size: 14px">&nbsp;</p></span>]]></description><pubDate>Wed, 08 Mar 2006 19:33:00 +0000</pubDate></item><item><title>La herencia Lumumba</title><link>https://la-web-ona.blogia.com/2006/030802-la-herencia-lumumba.php</link><guid isPermaLink="true">https://la-web-ona.blogia.com/2006/030802-la-herencia-lumumba.php</guid><description><![CDATA[<span style="font-size: 14px; font-family: arial,helvetica,sans-serif">Pero a nuestro Lumumba tambi&eacute;n le acontecieron otros hechos que sin su intervenci&oacute;n se tornaron muy surrealistas. Lumumba ten&iacute;a un padre, desnaturalizado pero a las cuentas padre. Como ya dijimos la madre muri&oacute; de parto al nacer la criatura y poco despu&eacute;s el padre le dej&oacute; en manos del brujo para que se ocupara de &eacute;l. El Se&ntilde;or Padre como le llamaba Lumumba y en contra del consejo de toda la tribu y de las costumbres nunca volvi&oacute; a tomar esposa; &eacute;l dec&iacute;a que se deb&iacute;a a que el amor tan enorme que profesaba a la difunta le imped&iacute;a volver amar a mujer alguna como esta se merec&iacute;a, aunque en confidencia os contar&eacute; que la verdad indiscutible de la viudedad empedernida del hombre era que tem&iacute;a volver a engendrar<span>&nbsp; </span>otro Lumumba.<br /></span><span style="font-size: 14px; font-family: arial,helvetica,sans-serif">No es que el hombre no tuviera sus escarceos amorosos con las mozas tribales de moral m&aacute;s distra&iacute;da en &ldquo;un aqu&iacute; te pillo, aqu&iacute; te mato&rdquo; detr&aacute;s de cualquier matojo. Y no es que alguna de estas mozas no engendrara m&aacute;s de un cr&iacute;o con rasgos ligeramente parecidos a Lumumba pero esos hijos ya no eran problema del padre desnaturalizado. Y es que Lumumba le recordaba tanto a un abuelo suyo, hemos de decir que fue el causante de la casi extinci&oacute;n </span><span style="font-size: 14px"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif">de la tribu, que cuando fornicaba y por cualquiera que fuese la causa le ven&iacute;a a la memoria su legado para la humanidad<span>&nbsp; </span>la cosa deca&iacute;a al instante y tampoco era cuesti&oacute;n de rebajar el pabell&oacute;n sexual de la familia. <br /></span>&nbsp;<br /><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif">Y estando entre estos menesteres y otros parecidos lleg&oacute; al poblado de al lado una remesa nueva de alegres chicas de virtud condescendiente; claro est&aacute; que aquello caus&oacute; ciertos desarreglos hormonales en todos los hombres de la tribu de Lumumba y circundantes;&nbsp; y durante una temporada todos los hombre de la tribu, en edad reproductora y los otros que se ayudaban para cumplir como hombres de los mejunjes de los brujos, fomentaron el intercambio intercultural.<br /></span></span><p style="font-size: 14px; font-family: arial,helvetica,sans-serif">Pero como todo en esta vida cansa y debido, tambi&eacute;n, a que las leg&iacute;timas comenzaron una huelga a la japonesa en los que se refer&iacute;a a cualquier tipo de relaci&oacute;n marital con sus respectivos la cosa del intercambio intercultural decreci&oacute; notablemente. Lo cual no es &oacute;bice para que algunos, libres de ligaduras maritales, continuaran visitando el lupanar aborigen.</p><span style="font-size: 14px; font-family: arial,helvetica,sans-serif">Desde luego las citadas mozas no ofrec&iacute;an sus favores sin m&aacute;s. De alguna manera deb&iacute;an de amortizar los a&ntilde;os empleados en el estudio del rom&aacute;ntico y lucrativo arte amatorio, que ellas llamaban licenciatura de Relaciones P&uacute;blicas en el &aacute;mbito rural, y por cada favor m&aacute;s o menos estudiado recib&iacute;an en compensaci&oacute;n un emonumento que generalmente consist&iacute;a en media docena de gallinas ponedoras por el alquiler del local&nbsp; y un ternero temprano por la asistencia especializada. Incluso, y es que no las podemos negar la inteligencia administrativa, crearon una tarifa plana que permit&iacute;a varias visitas para recibir asesoramiento por un pago &uacute;nico y mensual de 40 gallinas ponedoras y dos vacas en edad reproductora. <br />&nbsp;<br />Y no debemos enga&ntilde;arnos, el padre de Lumumba no era para nada&nbsp; un potentado, m&aacute;s bien ten&iacute;a la suerte de conservar unos ahorrillos de su &eacute;poca de gu&iacute;a de excursionistas blancos. Unos ahorros que hab&iacute;a ido invirtiendo en vacas y gallinas consiguiendo, de esa manera, tener una buena cantidad de cabezas vacunas&nbsp; y aviares. Lo que se dice para tener una vejez relajada. Pero se&ntilde;ores, la edad no perdona; y el padre de Lumumba pedi&oacute;, despu&eacute;s de un accidente con una botella de coca cola arrojada sin miramientos desde un boing 727 conjugado con la pila de a&ntilde;os que acaparaba el hombre; perdi&oacute;, </span><p style="font-size: 14px; font-family: arial,helvetica,sans-serif">dec&iacute;amos, el buen funcionamiento de los enlaces neuronales y en una de sus visitas al lugar de desfogue sexual&nbsp; y teniendo que pagar por los servicios requeridos, que no eran muchos ya que las cosas no eran como 30 a&ntilde;os atr&aacute;s ni funcionaban como entonces, no se le ocurri&oacute; otra cosa que proveer a la moza de la llave del corral para que ella misma se cobrara. Y ya fuera que la moza andara m&aacute;s necesitada de lo habitual o que la vista de la llave la provocara unas ansias ilimitadas de gallinas y terneros al irse a cobrar los servicios donde deb&iacute;a de poner 4 escribi&oacute; 400. <br /></p><span style="font-size: 14px; font-family: arial,helvetica,sans-serif">&nbsp;<br />Lumumba acostumbraba a visitar con frecuencia el legado familiar, por eso de recrearse el los bienes que le estar&iacute;an por venir al ser el &uacute;nico descendiente reconocido y legal; y cuando descubri&oacute; que tal legado hab&iacute;a, poco menos, que desaparecido increp&oacute; a su progenitor. Y es que Lumumba pod&iacute;a ser medio gilipollas pero en cuesti&oacute;n de&nbsp; cuartos no se le escapaba una. El padre, que nunca sabremos si alguna vez se dio cuenta de la faena que le hab&iacute;an hecho </span><p style="font-size: 14px; font-family: arial,helvetica,sans-serif">hasta el momento en que su hijo le recrimin&oacute;&nbsp; o que la verg&uuml;enza le impidi&oacute; reclamar, intent&oacute; defenderse como lo hace todo el que es pillado en una falta muy gorda, es decir atacando.<br /></p><span style="font-size: 14px; font-family: arial,helvetica,sans-serif">&nbsp;<br />Y de sopet&oacute;n se encontr&oacute; Lumumba sin herencia y encima acusado de abandonar a su anciano padre cuando todos sabemos que fue al rev&eacute;s. Aquel d&iacute;a deb&iacute;a ser que hab&iacute;a alguna conjunci&oacute;n estelar rara, de esas que se dan cada cien mil a&ntilde;os, que Lumumba tubo una buena idea. Si su padre negaba la mayor, que no hab&iacute;a tenido ning&uacute;n intercambio intertribal,&nbsp; y que como aseguraba la herencia hab&iacute;a desaparecido por una apropiaci&oacute;n indebida de la llave del corral Lumumba oblig&oacute; a su padre a presentar denuncia en la gran asamblea de jefes tribales de la regi&oacute;n. <br />hasta el momento en que su hijo le recrimin&oacute;&nbsp; o que la verg&uuml;enza le impidi&oacute; reclamar, intent&oacute; defenderse como lo hace todo el que es pillado en una falta muy gorda, es decir atacando.<br />&nbsp;<br />Y de sopet&oacute;n se encontr&oacute; Lumumba sin herencia y encima acusado de abandonar a su anciano padre cuando todos sabemos que fue al rev&eacute;s. Aquel d&iacute;a deb&iacute;a ser que hab&iacute;a alguna conjunci&oacute;n estelar rara, de esas que se dan cada cien mil a&ntilde;os, que Lumumba tubo una buena idea. Si su padre negaba la mayor, que no hab&iacute;a tenido ning&uacute;n intercambio intertribal,&nbsp; y que como aseguraba la herencia hab&iacute;a desaparecido por una apropiaci&oacute;n indebida de la llave del corral Lumumba oblig&oacute; a su padre a presentar denuncia en la gran asamblea de jefes tribales de la regi&oacute;n. <br /></span><p>&nbsp;</p>]]></description><pubDate>Wed, 08 Mar 2006 19:20:00 +0000</pubDate></item><item><title>Lumumba: La leyenda contin&#xFA;a</title><link>https://la-web-ona.blogia.com/2006/030801-lumumba-la-leyenda-continua.php</link><guid isPermaLink="true">https://la-web-ona.blogia.com/2006/030801-lumumba-la-leyenda-continua.php</guid><description><![CDATA[&nbsp;<span>Siguiendo con la estela de su vida, haremos referencia a cierto episodio, para lo cual es conveniente informar al lector de ciertas curiosidades de la zona donde viv&iacute;a Lumumba. El poblado oriundo de nuestro afortunado protagonista se encontraba justo en medio de la ruta migratoria del elefante africano. De esta manera dos veces al a&ntilde;o numerosas manadas de elefantes atravesaban, formando un<span>&nbsp; </span>foll&oacute;n de espanto, la &uacute;nica calle del poblado. A causa del &iacute;mpetu migratorio no hab&iacute;a a&ntilde;o en que no fallecieran varias gallinas aplastadas por los plant&iacute;grados. Varias gallinas y el jefe de la tribu, el bien afamado y venerado por todos Yinga Dura. <br /></span><span style="font-size: 14px; font-family: arial,helvetica,sans-serif">&nbsp;<br /></span><p style="font-size: 14px; font-family: arial,helvetica,sans-serif">&iquest;Que c&oacute;mo puede ser que un venerable anciano acostumbrado al trasiego elefantil falleciera a consecuencia de tan tiernos e inofensivos animales? Muy sencillo, la causa fue Lumumba</p><span style="font-size: 14px; font-family: arial,helvetica,sans-serif">Lumumba acababa de cumplir los tiernos 10 a&ntilde;os, se pasaba las horas observando los rituales matrimoniales de los j&oacute;venes de la tribu, cosa que desde luego al jefe no le hac&iacute;a ni pizca de gracia ya que de<span>&nbsp; </span>varios de aquellos juegos era formal<span>&nbsp; </span>protagonista Yinga Dura; sus esposas ten&iacute;an cierta propensi&oacute;n a comer setas envenenadas lo que hac&iacute;a que el viudo reiterado tomara nueva esposa con frecuencia. <br /></span><span style="font-size: 14px; font-family: arial,helvetica,sans-serif">&nbsp;<br /></span><p style="font-size: 14px; font-family: arial,helvetica,sans-serif">Sucedi&oacute; que un lamentable d&iacute;a el jefe estaba ocup&aacute;ndose de los menesteres propios de cualquier reci&eacute;n casado cuando oy&oacute; crujir, eso s&iacute; levemente, uno de los costados de la caba&ntilde;a nupcial. Levant&oacute; la vista de sus quehaceres y pill&oacute; a Lumumba absorto en el estudio del antiguo arte de la fecundaci&oacute;n. Tan absorto estaba Lumumba estudiando los senos de la reci&eacute;n casada que apenas se percat&oacute; de la aparici&oacute;n, a su espalda, del jefe Yinga. </p><span style="font-size: 14px; font-family: arial,helvetica,sans-serif">Sus dientes, los de Lumumba, rechinaron contra la mierda de vaca que recubr&iacute;a la caba&ntilde;a con tan mala suerte que termin&oacute; con la mand&iacute;bula desencajada a causa del cogotazo que le propinara el jefe. Como estamos hablando de la m&aacute;s inh&oacute;spita sabana carente de todo tipo de asistencias sanitarias y teniendo en cuenta que al brujo de la tribu Lumumba le importaba un carajo la suerte del muchacho con el tiempo la mand&iacute;bula jam&aacute;s volvi&oacute; a su originario lugar provocando un rictus de dif&iacute;cil mirar. <br /></span><span style="font-size: 14px; font-family: arial,helvetica,sans-serif"><span>&nbsp;<br /></span><span>Pero volvamos a tan aciago d&iacute;a, Lumumba pillado en la falta y con la mand&iacute;bula colgandera se volvi&oacute; hacia el causante del mal. Y como quisiera la suerte, tambi&eacute;n, que al tiempo pasara por el lugar un solitario reptil reptante </span></span><p style="font-size: 14px; font-family: arial,helvetica,sans-serif">que se vio aplastado por el peso, que no era poco, del jefe Yinga Dura; el pobre animal se defendi&oacute; como bien pudo y asest&oacute; fenomenal mordisco en el aparato reproductor del afamado regidor de la tribu. El jefe que se vi&oacute; prisionero del mortal mordisco en tan delicada parte comenz&oacute; a correr por todo el poblado con el pobre animalico colgando. <br /></p><span style="font-size: 14px; font-family: arial,helvetica,sans-serif">&nbsp;<br /></span><span style="font-size: 14px; font-family: arial,helvetica,sans-serif">Desde luego las mujeres del a tribu no eran lo que se puede decir unas catetas, aunque se hubieran criado en la sabana, y entre los gritos del jefe que m&aacute;s bien parec&iacute;an de alegr&iacute;a y lo r&aacute;pido que corr&iacute;a este por entre las chozas muchas pensaron que la fama er&oacute;tica del gran jefe no era un cuento chino de los que se suelen contar en las reuniones de comadres abor&iacute;genes. Pero la mala suerte no se ceb&oacute; &uacute;nicamente en el aparato reproductor de Yinga, quiso el destino que por ser a&ntilde;o bisiesto la migraci&oacute;n del elefante se adelantara media hora y coincidiera en el espacio y en el tiempo con la fuga desesperada del buen hombre. <br /></span><span style="font-size: 14px; font-family: arial,helvetica,sans-serif">Al cabo de varios d&iacute;as los m&aacute;s intr&eacute;pidos de los cazadores de la tribu que salieron en busca de los restos del jefe volvieron con una espachurrada piel de serpiente que a&uacute;n conservaba entre sus mand&iacute;bulas un inflamado y amoratado ap&eacute;ndice amatorio.<br /></span><span style="font-size: 14px; font-family: arial,helvetica,sans-serif">&nbsp;<br /></span><span style="font-size: 14px; font-family: arial,helvetica,sans-serif">El gran jefe Yinga hubiera muerto de todas maneras por el efecto letal de la mordedura de la pobre serpiente, pero eso nunca qued&oacute; en los anales hist&oacute;ricos de la tribu sin embargo lo que s&iacute; qued&oacute; constatado por los siglos de los siglos fue que cada vez que un gran jefe de la tribu tomara nueva esposa, ya fuera por los efectos de las setas venenosas o cualquiera otra circunstancia, Lumumba era atado a la acacia m&aacute;s alejada de la aldea; atado por los pies por si hab&iacute;a suerte y alg&uacute;n buitre despistado no ca&iacute;a en la cuenta que la presa que tan f&aacute;cilmente se le ofrec&iacute;a era un muchacho sano y no pura carro&ntilde;a. Pero nunca se dio tal casualidad, o bien los buitres de la sabana eran muy listos o Lumumba ten&iacute;a una suerte del demonio; del demonio de la sabana claro est&aacute;.<br /></span><p>&nbsp;</p>]]></description><pubDate>Wed, 08 Mar 2006 19:14:00 +0000</pubDate></item><item><title>La leyenda de Lumumba: Nacimiento</title><link>https://la-web-ona.blogia.com/2006/022001-la-leyenda-de-lumumba-nacimiento.php</link><guid isPermaLink="true">https://la-web-ona.blogia.com/2006/022001-la-leyenda-de-lumumba-nacimiento.php</guid><description><![CDATA[<h1><span style="font-family: Arial">Ser&iacute;a muy buc&oacute;lico y rom&aacute;ntico imaginarnos a Lumumba como un aguerrido cazador de la sabana africana pero no debemos de caer en esa provocaci&oacute;n, Lumumba era b&aacute;sica y sencillamente medio gilipollas. Si tenemos en cuenta que muri&oacute; a una edad relativamente temprana devorado por le le&oacute;n m&aacute;s falto de la susodicha sabana africana entenderemos el porqu&eacute; del apelativo. <p>&nbsp;</p></span><span style="font-family: Arial">&nbsp; <p>&nbsp;</p></span><span style="font-family: Arial">Y es que su vida, corta, estuvo plagada de aventuras, todas ellas,&nbsp; a cual m&aacute;s estramb&oacute;tica y surrealista. Lumumba naci&oacute; una tempestuosa noche estival, los rayos y truenos retumbaban en la choza de barro y mierda de vaca mientras el gur&uacute; de la tribu entonaba los t&iacute;picos cantos rituales para tal evento. No es que la noche hubiera tenido nada de especial si Lumumba hubiera nacido en, pongamos por caso, Rumania; pero una noche tan tenebrosa en plena sabana, en el mes de agosto, y rodeado de ant&iacute;lopes y leopardos&nbsp; no era lo que se puede decir de lo m&aacute;s t&iacute;pico y tur&iacute;stico. Tambi&eacute;n debemos de contar que a causa del parto la madre muri&oacute; lo cual con el paso del tiempo, creo yo, debi&oacute; de agradecer a sus dioses pues acababa de parir a lo que genuinamente se puede llamar un graciosillo pat&aacute;n. &nbsp; <p>&nbsp;</p></span><span style="font-family: Arial">Tampoco se debe achacar al narrador estar bajo los efectos de una sidra de El Gaitero, aunque sea verdad, cuando narra de forma tan ir&oacute;nica los hechos que acontecieron al ga&ntilde;an en cuesti&oacute;n; es que de verdad la cosa ten&iacute;a cola. Que Lumumba promet&iacute;a no ser un aborigen al uso ha quedado poco menos que claro pero tampoco podemos recrearnos en la insustancialidad de este ser; en el fondo no era mala persona aunque el viudo padre renegara de &eacute;l cuando a penas era un infante y quedara al cuidado del gur&uacute; de la tribu. Hasta cierto punto los avatares de su infancia pudiera ser que forjaran cierta parte de su car&aacute;cter, el gur&uacute; ten&iacute;a cosas m&aacute;s importantes que hacer que ocuparse de un muchachillo y como que se ve&iacute;a que el chico no promet&iacute;a para las labores propias de un brujo de tribu que se precie el gur&uacute; opt&oacute; por dejar a la buena de dios la educaci&oacute;n de Lumumba.&nbsp; <p>&nbsp;</p></span><span style="font-size: 14px; font-family: arial,helvetica,sans-serif">No est&aacute; de m&aacute;s contar que a muy temprana edad Lumumba provoc&oacute; m&aacute;s de un altercado como cuando decidi&oacute; que las vacas de la tribu ten&iacute;an un pelaje muy aburrido y rob&oacute; los tintes que las mujeres de las tribus usaban para decorar sus cabellos y embadurn&oacute; con ellos a todo bicho viviente que encontr&oacute; en los corrales. Como quiera que fuese que a los hombres de la tribu les causaba mal fario tener <span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif">vacas a rayas rojas y negras en sus establos y desconociendo que tal hecho hab&iacute;a sido provocado por Lumumba,&nbsp; decidieron sacrificarlas a todas no fuese que a los dioses de la sabana tal decoraci&oacute;n les provocara mal estar. Cosas de tribus de la sabana. Y efectivamente a los dioses de la sabana no debi&oacute; de serles muy agradables los vistosos colores de los pobres animales cuando los buitres que devoraron a los sacrificados animales cayeron muertos despu&eacute;s de haber comido tan ex&oacute;tico y decorado manjar. Desde luego si esto hubiera ocurrido en otra parte del mundo cualquier qu&iacute;mico les hubiera dicho que los aditivos con que se hab&iacute;a ornamentado a</span> <span style="font-size: 14px; font-family: arial,helvetica,sans-serif">las vacas hab&iacute;an provocado una severa intoxicaci&oacute;n en los buitres; y que la muerte de estos no se deb&iacute;a a otra cosa que a la leche que se pegaban contra el suelo despu&eacute;s de empezar a notar los efectos de los qu&iacute;micos del tinte que acababan de ingerir. S&oacute;lo mucho tiempo despu&eacute;s Lumumba confes&oacute; que &eacute;l era el causante originario del tal hecho cosa que a alguno de los m&aacute;s ancianos de la tribu provoc&oacute; m&aacute;s de un infarto</span>. <p>&nbsp;</p></span><span style="font-family: Arial">&nbsp; <p>&nbsp;</p></span><span style="font-size: 14px; font-family: arial,helvetica,sans-serif; mso-fareast-font-family: &rsquo;Times New Roman&rsquo;; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA">Y entre este suceso y otros de semejante pelaje Lumumba consigui&oacute; llegar a la pubertad.</span></h1>]]></description><pubDate>Mon, 20 Feb 2006 19:11:00 +0000</pubDate></item><item><title>Rosas del Infierno</title><link>https://la-web-ona.blogia.com/2006/021201-rosas-del-infierno.php</link><guid isPermaLink="true">https://la-web-ona.blogia.com/2006/021201-rosas-del-infierno.php</guid><description><![CDATA[<p>El chico de repartos de Interflora par&oacute; su vespino justo delante de la puerta; temblando esgrimi&oacute; el gigantesco llamador con forma de g&aacute;rgola penitente.</p>&nbsp;<br /><p>-Toc, Toc &ndash; retumb&oacute; sin miramiento el llamador.</p><p>-Ya vaaaaaaaaaa.- se oy&oacute; al otro lado de las gigantescas puertas.</p>&nbsp;<br /><p>Una de las hojas de la ajada madera se desliz&oacute; silenciosamente aunque al mozalbete de vespino le pareciera que miles de trompetas clamaran el final del mundo.</p>&nbsp;<br /><p>-<span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>Y t&uacute; &iquest;qu&eacute; quieres? Hoy no tengo a nadie apuntado.</p><p>-<span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><span>&nbsp;</span>No mire ust&eacute;, que yo s&oacute;lo traigo un mandao- al tiempo que extend&iacute;a por la rendija abierta un fastuoso y delicado ramo de rosas amarillas.</p><p>-<span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>Y esto &iquest;par qui&eacute;n co&ntilde;os es? Mira que no tengo tiempo de jilipolleces.</p><p>-<span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>Tiene tarjeta- grit&oacute; el mozuelo mientras se alejaba a toda leche dando pedales como loco a su vespino.</p>&nbsp;<br /><p>Con un suave roce el mayordomo abri&oacute; la puerta del despacho, Lucifer estaba atareado con el balance de fin de a&ntilde;o que no terminaba de cuadrar, &uacute;ltimamente el carb&oacute;n se hab&iacute;a puesto por las nubes y quiz&aacute;s ser&iacute;a buena idea cambiar el combustible del averno por nuevos sistemas alternativos de combusti&oacute;n a la par que evitar&iacute;a ese constante moque&oacute; que le produc&iacute;an los humos propios del quemar pecadores. Al fin y al cabo en el cielo estaba dando buen resultado la energ&iacute;a solar.</p>&nbsp;<br /><p>-<span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>&iquest;Qu&eacute; quieres?</p><p>-<span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>Su mal&eacute;fica malignidad, tiene un ...........un...........</p><p>-<span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>Un &iquest;qu&eacute;?</p><p>-<span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>Un envio de fuera</p><p>-<span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>Pues no s&eacute; a que esperas para d&aacute;rmelo</p><p>-<span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>Es que.........</p><p>-<span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>Trae ac&aacute; palurdo.</p>&nbsp;<br /><p>El mayordomo dej&oacute; el magnifico y fragante ramo sobre la mesa, justo encima de la calculadora cient&iacute;fica que estaba usando Su malignidad. Despacio, muy despacio se alej&oacute; sin dar<span>&nbsp; </span>la espalda a su amo, por lo que pudiera pasar, al tiempo que susurraba &ndash; Tiene tarjeta-.</p>&nbsp;<br /><p>Su malignidad<span>&nbsp; </span>rebusc&oacute;, no sin cierto cuidado por lo que pudiera pasar ya sab&eacute;is, entre las delicadas flores en busca de la dichosa tarjeta.</p><p>Encontr&oacute; un diminuto sobre y lo abri&oacute;, mientras le&iacute;a la misiva su agria<span>&nbsp; </span>cara se torno en con un leve gesto en el reflejo, dentro de lo que cabe hablando de qui&eacute;n hablamos, de las propias rosas. Entonces Su malignidad se revolvi&oacute; en su trono, de su espalda comenzaron a surgir unas bellas y refulgentes alas blancas y su vestimenta negra y f&uacute;nebre se torn&oacute; n&iacute;vea y pura.</p>&nbsp;<br /><p>La figura de su malignidad ascendi&oacute; lentamente hac&iacute;a su primigenio hogar mientras el mayordomo ve&iacute;a la escena con un susto del cop&oacute;n. Cuando su malignidad mutado despareci&oacute; de los ojos del sirviente este advirti&oacute; que la nota a&uacute;n reposaba sobre la calculadora cient&iacute;fica junto al enorme ramo de rosas, la tom&oacute; y ley&oacute;:</p>&nbsp;<br /><p>&ldquo;Quieres dejar de hacer el imb&eacute;cil y venir a casa que estamos esper&aacute;ndote para cenar&rdquo;</p><p>Fdo. Dios</p>&nbsp;<br />&nbsp;<br />]]></description><pubDate>Sun, 12 Feb 2006 22:26:00 +0000</pubDate></item><item><title>Pr&#xF3;xima estaci&#xF3;n..............Chamber&#xED;</title><link>https://la-web-ona.blogia.com/2005/122101-proxima-estacion-chamberi.php</link><guid isPermaLink="true">https://la-web-ona.blogia.com/2005/122101-proxima-estacion-chamberi.php</guid><description><![CDATA[<em><span>Primavera 2003<br /></span></em><em><span>&nbsp;<br /></span></em><em><span>&nbsp;<br /></span></em><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>La pandilla de grafiteros accedi&oacute; a la estaci&oacute;n de Bilbao cargados con sus mochilas llenas de sprays. Hab&iacute;an quedado para<span>&nbsp; </span>colarse en la estaci&oacute;n de Chamber&iacute; y all&iacute;, tranquilamente, plasmar su arte en las<span>&nbsp; </span>paredes v&iacute;rgenes de la vieja estaci&oacute;n abandonada. No les import&oacute; que les vieran los dem&aacute;s pasajeros que esperaban la llegada del metro. Saltaron a las v&iacute;as y comenzaron a correr armados de linternas. Salvaron la distancia en menos de un minuto, esta era corta, casi se pod&iacute;a ver la estaci&oacute;n de Chamber&iacute;<span>&nbsp; </span>desde la de Bilbao si no fuera por que las luces de la primera estaban apagadas. <br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>Alumbraron<span>&nbsp; </span>con sus linternas hasta descubrir la oficina del jefe de estaci&oacute;n, uno de ellos entr&oacute; en ella y encendi&oacute; las luces. Los dem&aacute;s se colaron por el acceso<span>&nbsp; </span>y empezaron<span>&nbsp; </span>a decorar las paredes. La pintura de los spray se agarr&oacute; con firmeza a los azulejos. <br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span>- Iv&aacute;n, p&aacute;same el bote azul ultramar, esto est&aacute; casi acabado.<br /></span><span>- T&iacute;o el bote ese le ten&iacute;as t&uacute;, adem&aacute;s date prisa los otros ya han terminado y est&aacute;n haciendo el jili en la oficina del jefe de estaci&oacute;n, se van a cargar la puerta.<br /></span><span>- No jodas chaval me la suda, que se carguen lo que sea, ve a darte una vuelta por ah&iacute; que ni pintas ni dejas pintar.<br /></span><em><span>&nbsp;<br /></span></em><em><span>......................................................................<br /></span></em><em><span>&nbsp;<br /></span></em><em><span>20 a&ntilde;os antes. Verano de1983<br /></span></em><span>&nbsp;<br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>Santiago Beltr&aacute;n, de oficio constructor, abandon&oacute; el restaurante embriagado por los vapores et&iacute;licos del vino; cosecha<span>&nbsp; </span>del 82, Blanco Macabeo. Un a&ntilde;o poco afortunado en caldos en opini&oacute;n de su bien estimado amigo, Manuel Carab&aacute;s. El peso del calor de agosto cay&oacute; de plano sobre Santiago al abandonar el mes&oacute;n. Una mosca le incordi&oacute;. El animal revolote&oacute; en sus narices haciendo vibrar sus alas bajo las fosas nasales; manote&oacute;<span>&nbsp; </span>intentando apartar<span>&nbsp; </span>a la Psycoda Alternata; se sinti&oacute; bastante rid&iacute;culo.<br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>Las calles del estival<span>&nbsp; </span>Madrid estaban casi desiertas a esas horas, probablemente quienes no estuvieran veraneando en la playa estar&iacute;an durmiendo la siesta o al reparo de los calores de la sobremesa. Santiago, ahora levemente mareado,<span>&nbsp; </span>caminaba<span>&nbsp; </span>Bravo Murillo abajo<span>&nbsp; </span>procurando por<span>&nbsp; </span>no llamar excesivamente la atenci&oacute;n de los escasos viandantes con los que se cruzaba; se detuvo en el sem&aacute;foro, en rojo para los veh&iacute;culos, de Bravo Murillo esquina Anastasio Herrero; el conductor de Renault 1200 le inst&oacute; con la mano a que cruzase pero a&uacute;n as&iacute; dudo, no estaba muy seguro de si su camino era el adecuado para llegar a la estaci&oacute;n de metro de Estrecho. Aunque con la vista algo nublada acert&oacute; a ver a lo lejos la<span>&nbsp; </span>inconfundible arcada de hierro fundido de una estaci&oacute;n del metro y el logotipo de &eacute;ste. Entonces decidido cruz&oacute; la calle, un<span>&nbsp; </span>claxon le sobresalt&oacute;, el Renault 1200 color oro viejo arranc&oacute; dejando a Santiago con un pie en el asfalto y otro en la acera. A pesar del susto vio el gesto obsceno que con la mano le hac&iacute;a el<span>&nbsp; </span>conductor. El Renault 1200 se perdi&oacute; Bravo Murillo arriba<span>&nbsp; </span>dejando escapar de su interior los acordes<span>&nbsp; </span>de una<span>&nbsp; </span>copla &ldquo;a la Parrala le gusta el vino, ni el aguardiente , ni el marrasquino................&rdquo;.<br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>La boca del metro le recibi&oacute; con una sacudida de un aire<span>&nbsp; </span>viciado<span>&nbsp; </span>con acre olor a goma vieja y<span>&nbsp; </span>con cientos de ecos. Al fondo de la escalinata y sobre la rejilla de desag&uuml;e un torbellino arremolinaba<span>&nbsp; </span>varios papeles, paquetes de tabaco vac&iacute;os y ya obsoletos billetes del metro. Los cierres met&aacute;licos y las puertas cristaleras totalmente abiertas daban paso al vest&iacute;bulo, a la derecha la taquilla parec&iacute;a estar<span>&nbsp; </span>vac&iacute;a; dentro, semiescondida, una mujer de mediana edad le&iacute;a una novela de Cor&iacute;n Tellado. Su uniforme azul marino luc&iacute;a impecable, sobre la camisa blanca y la corbata, de nudo peque&ntilde;o, tambi&eacute;n azul marino. Santiago esper&oacute; paciente a que la taquillera le atendiera, &eacute;sta levant&oacute; la mirada<span>&nbsp; </span>y se encontr&oacute; con la del hombre. Ambos se miraron esperando nadie sabe que, por fin Santiago introdujo bajo el cristal blindado una moneda de 100 pesetas con la efigie del rey; a continuaci&oacute;n de una rendija en la encimera<span>&nbsp; </span>emergi&oacute; el billete, el rect&aacute;ngulo amarillento impreso en negro fue retirado con desinter&eacute;s. Cuando se marchaba Santiago escuch&oacute; un repiquetear en la luna de la garita, mir&oacute;, la taquillera le mostraba el cambio que olvidaba recoger.<br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>Las escaleras mec&aacute;nicas descend&iacute;an cadenciosamente, al final de un largo pasillo se desembocaba en el and&eacute;n; Santiago esper&oacute; paciente la llegada del convoy , prerrogativa, la de la paciencia, de hombre de provincias poco influenciado del estr&eacute;s madrile&ntilde;o. El and&eacute;n estaba poco concurrido, dos ancianas vestidas de negro agarradas una a otra por el brazo y un joven de mirada distra&iacute;da. En el and&eacute;n de enfrente una chica<span>&nbsp; </span>con una minifalda<span>&nbsp; </span>de cuadros escoceses acompa&ntilde;ada de otro joven con un poncho multicolor totalmente anacr&oacute;nico<span>&nbsp; </span>con el calor reinante en el exterior. Todos levantaron la vista cuando se oy&oacute; el ensordecedor ruido de los vagones que se acercaban, todos miraban a un lado y a<span>&nbsp; </span>otro para tratar de ver, antes que nadie, por donde ven&iacute;a. Como siempre ocurre en estos casos fue al and&eacute;n de enfrente donde lleg&oacute; en primer lugar el metro. <br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>Vio a trav&eacute;s de las ventanillas del veh&iacute;culo como la pareja entraba y se acomodaba en los asientos, as&iacute; como dos o tres personas descend&iacute;an y se alejaban hacia la salida. El silbato anunci&oacute; la salida y el convoy<span>&nbsp; </span>emprendi&oacute; la marcha. Desapareci&oacute;<span>&nbsp; </span>direcci&oacute;n <span>&nbsp;</span>Tetu&aacute;n llenando la boca del t&uacute;nel<span>&nbsp; </span>y cuando todos los vagones abandonaron la estaci&oacute;n el sem&aacute;foro en el and&eacute;n se puso en rojo. <br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>El gusano rojo , impecable y brillante, hizo su entrada en la estaci&oacute;n, llegaba con algo de retraso de acuerdo al horario previsto, el jefe de estaci&oacute;n de<span>&nbsp; </span>Plaza Castilla<span>&nbsp; </span>le hab&iacute;a avisado al conductor que se estaban produciendo intermitentes cortes del fluido el&eacute;ctrico, pero a&uacute;n as&iacute; en<span>&nbsp; </span>las pr&oacute;ximas estaciones le avisar&iacute;an<span>&nbsp; </span>de las medidas que desde la sala de control iban a tomar. Lleg&oacute; a la estaci&oacute;n de estrecho sin ning&uacute;n altercado el&eacute;ctrico, par&oacute; y abandon&oacute; la<span>&nbsp; </span>cabina, el jefe de estaci&oacute;n se acerc&oacute; a &eacute;l desde su oficina en el and&eacute;n. A estas alturas del mes de agosto y a las cuatro de la tarde el tr&aacute;fico de personas que usaban el metro era reducido, apenas<span>&nbsp;&nbsp; </span>tres valientes que se aventuraban a salir de sus casas dejando<span>&nbsp; </span>all&iacute; el consuelo de los ventiladores y de los aparatos de aire acondicionado. <br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>Las ancianas<span>&nbsp; </span>entraron en el primer vag&oacute;n acomod&aacute;ndose en la fila de asientos correlativos paralelos a las ventanillas. Santiago tom&oacute; el cuarto vag&oacute;n; all&iacute;<span>&nbsp; </span>tan solo estaba<span>&nbsp; </span>un hombre de mediana edad que le&iacute;a el diario Pueblo. El compa&ntilde;ero de viaje<span>&nbsp; </span>levant&oacute; levemente la mirada y sigui&oacute; leyendo el art&iacute;culo de Pablo Torres sobre<span>&nbsp; </span>Francisco P&eacute;rez Abell&aacute;n. Los asientos pl&aacute;sticos acogieron a Santiago como si de una mecedora se tratasen. La empanada gallega del restaurante donde hab&iacute;an comido , La Anduri&ntilde;a, empezaba a pasarle cuentas a su est&oacute;mago y los efectos del vino no terminaban de pasarse. El asiento que ocupaba estaba de espaldas al and&eacute;n, y m&aacute;s que mirar al frente Santiago se recreaba mentalmente<span>&nbsp; </span>en los acontecimientos del d&iacute;a. Ahora recordaba , con cierta verg&uuml;enza, el nerviosismo que hab&iacute;a sentido esperando en la barra del restaurante la llegada de sus antiguos compa&ntilde;eros de armas. La alegr&iacute;a del primer abrazo , despu&eacute;s de tantos a&ntilde;os, al sin par<span>&nbsp; </span>Manuel Carab&aacute;s; m&aacute;s gordos todos, m&aacute;s calvos y m&aacute;s viejos pero contentos de recordar sus batallas de la mili. Una sonrisa c&oacute;mplice se dibujo en sus labios rememorando<span>&nbsp; </span>la sobremesa<span>&nbsp; </span>presidida por una botella de co&ntilde;ac Soberano. El silencio termin&oacute; por adormecerle.<br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>El conductor y el jefe de estaci&oacute;n esperaban charlando<span>&nbsp; </span>la llamada de la sala de control. El tel&eacute;fono son&oacute; desde el cub&iacute;culo incrustado en<span>&nbsp; </span>la pared del and&eacute;n. El jefe se dirigi&oacute; all&iacute;, descolg&oacute; el pesado y anticuado auricular negro.<br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span>- Aqu&iacute; el jefe de estaci&oacute;n de Estrecho<br /></span><span>- Aqu&iacute; sala de control &iquest;eres Manolo? Soy Jacinto<br /></span><span>- Qu&eacute; pasa chavalote, &iquest;qu&eacute; cojones nos est&aacute;is haciendo hoy? Tengo al maquinista del 456 esperando.<br /></span><span>- Yo que s&eacute; t&iacute;o, las putas l&iacute;neas el&eacute;ctricas que no paran de joder; dile que cuando llegue a la estaci&oacute;n de Chamber&iacute; pare hasta recibir ordenes.<br /></span><span>- &iquest;Y como co&ntilde;os se va a enterar que puede continuar?<br /></span><span>- Dile que los sem&aacute;foros funcionan , cuando se ponga verde que contin&uacute;e con precauci&oacute;n. Ya hemos encendido desde aqu&iacute; las luces de and&eacute;n, supongo que funcionaran.<br /></span><span>- Venga Jacinto , paso la orden; y a ver si quedamos uno de estos d&iacute;as.<br /></span><span>- Ja, ja, ja pero que cabr&oacute;n eres Manolo, &iquest;te deja la mujer salir solo?<br /></span><span>- Que la den por culo, espero que me llames.<br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>El veh&iacute;culo emprendi&oacute; la marcha<span>&nbsp; </span>mientras Santiago segu&iacute;a adormecido; era consciente del ruido de los otros trenes al cruzarse<span>&nbsp; </span>y de las paradas en las que entreabr&iacute;a los ojos para cercionarse de quien sub&iacute;a y quien bajaba. No se preocup&oacute; de mirar los nombres de las estaciones en la seguridad de que su parada era la &uacute;ltima, Atocha, donde deb&iacute;a de hacer trasbordo a la estaci&oacute;n del tren .Las luces se reduc&iacute;an considerablemente cada vez que abandonaban una estaci&oacute;n haciendo m&aacute;s dulce el sue&ntilde;o.<br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>El convoy se detuvo en la estaci&oacute;n de Chamber&iacute;, el conductor se asom&oacute; a la puerta del primer vag&oacute;n para comprobar que ning&uacute;n pasajero despistado se bajaba en &eacute;sta. El sem&aacute;foro que colgaba justo a la entrada del t&uacute;nel en la cabecera del and&eacute;n continuaba en rojo. Hac&iacute;a a&ntilde;os que esta estaci&oacute;n no se usaba<span>&nbsp; </span>si no era para cortas paradas ocasionadas, como era ahora el caso o por alg&uacute;n problema t&eacute;cnico. Al conductor no le hac&iacute;a ninguna gracia cuando esto suced&iacute;a; la estaci&oacute;n<span>&nbsp; </span>estaba sucia , abandonada y adem&aacute;s era peque&ntilde;a .<br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span><span>&nbsp;</span>En el and&eacute;n s&oacute;lo cab&iacute;an cuatro de los seis<span>&nbsp; </span>vagones<span>&nbsp; </span>dos se quedaban<span>&nbsp; </span>dentro del t&uacute;nel , lo que ocasionaba cierto malestar a los viajeros. El metro era el m&aacute;s usado de los transportes p&uacute;blicos, pero siempre provocaba un respeto a los pasajeros. Esa necesidad animal del ser humano de respirar aire fresco y de ver los rayos del Sol se ve&iacute;a aqu&iacute; coartada. La gente en el metro se comportaba de forma taciturna. Siempre miraban a sus espaldas cuando caminaban solos por alguno de los accesos, hab&iacute;a observado en sus 15 a&ntilde;os de trabajo en el subsuelo que la gente nunca se arrimaba a las paredes, siempre intentaban caminar por el centro de los pasillos, all&iacute; donde los techos eran m&aacute;s altos, choc&aacute;ndose unos con otros. Incluso en los suelos se notaba m&aacute;s el desgaste del pavimento en &eacute;sta zona.<br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>Todos los empleados del metropolitano sab&iacute;an que , a veces, ocurr&iacute;an cosas raras. Tambi&eacute;n hab&iacute;a mucha leyenda urbana sobre algunas estaciones pero otras cosas que contaban hac&iacute;an poner los pelos de punta al m&aacute;s valiente; incluso algunos de sus superiores jer&aacute;rquicos<span>&nbsp; </span>bajaban la vista cuando recib&iacute;an alguna queja sobre fen&oacute;menos poco naturales sufridos<span>&nbsp; </span>por parte de los maquinistas , de los de la limpieza, de la gente de mantenimiento o de cualquier otro empleado.<br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>Maldita la gracia que le estaba haciendo permanecer tanto tiempo varado en la estaci&oacute;n; la verdad es que le estaba empezando a embargar un sentimiento de soledad mirando aquel and&eacute;n; una recia capa de polvo rojizo cubr&iacute;a todo el suelo, ninguna pisada ni ning&uacute;n rastro de vida se denotaban en &eacute;l. Tambi&eacute;n le inquietaba no o&iacute;r ning&uacute;n ruido, esto hac&iacute;a que la sensaci&oacute;n de soledad creciera m&aacute;s en su esp&iacute;ritu. Lanzaba continuas miradas al sem&aacute;foro pero este continuaba en &aacute;mbar. No se atrev&iacute;a a poner un pie en el and&eacute;n, hacerlo romper&iacute;a la inmaculada capa de polvo y<span>&nbsp; </span>le hac&iacute;a sentir, el pensarlo siquiera, como si estuviese mancillando siglos de eternidad. La imaginaci&oacute;n se desbord&oacute; recreando escenas de un<span>&nbsp; </span>Madrid castizo de mediados de los a&ntilde;os 20. Damas vestidas de chulapas esperando la llegada del metro para bajar a la verbena de las Vistillas. Chiquillos correteando por el and&eacute;n detr&aacute;s de su Ori-ori<span>&nbsp; </span>hasta hacerlo chocar contra las paredes. Parejas de novios<span>&nbsp; </span>con las manos entrelazadas, ella muy arrimada a &eacute;l, temerosa de la oscuridad<span>&nbsp; </span>de los t&uacute;neles y ataviada con un primoroso vestidito de gasa en un malva muy tenue y unos botines de charol relucientes, acordonados hasta los tobillos; &eacute;l insuflado de un heroicismo chulesco manteniendo la espalda muy erguida mirando a un lado y a otro despechando con sus ademanes y haciendo gala de su propiedad. Una canci&oacute;n lleg&oacute; a su mente y la tarareo al tiempo que segu&iacute;a el ritmo con un pie.<br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span>-Por ser la Virgen de la Paloma, un mant&oacute;n de Manila-la-la....... te voy a regalar........<br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>Los personajes de su imaginaci&oacute;n se volvieron hacia la fuente de la melod&iacute;a, la novia<span>&nbsp; </span>temerosa le lanz&oacute; un gui&ntilde;o y una sonrisa. Todos los ocupantes del and&eacute;n entraron en los vagones ante la mirada at&oacute;nita del conductor que ve&iacute;a estupefacto como los personajes de su ensue&ntilde;o escapaban a su control. Se restreg&oacute; los ojos , no hab&iacute;a nada en el and&eacute;n, aquella maldita estaci&oacute;n le hac&iacute;a desvariar , todo continuaba tal<span>&nbsp; </span>cual estaba segundos antes. <br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>A su espalda son&oacute; un clic seco, sobresaltado se volvi&oacute;, el sem&aacute;foro acababa de cambiar a verde, avergonzado sonri&oacute; con una mueca. Echo un &uacute;ltimo vistazo al and&eacute;n para asegurarse que ning&uacute;n pasajero hab&iacute;a descendido mientras buscaba a tientan la palanca que cerraba las puertas; el silbato incorporado al mecanismo de cierre son&oacute; y ya dirigi&eacute;ndose hacia el puesto de conducci&oacute;n oy&oacute; el sonido percutor que hac&iacute;an las puertas al cerrarse. El convoy comenz&oacute; la marcha acelerando con rapidez, cuando el &uacute;ltimo vag&oacute;n abandonaba la estaci&oacute;n un eco<span>&nbsp; </span>se extendi&oacute; por los andenes.<br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span>- Un mant&oacute;n de Manila-la-la te voy a regalar........<br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>Santiago se sobresalt&oacute; al o&iacute;r el ruido del silbato, entre sue&ntilde;os hab&iacute;a sido consciente de la larga parada del veh&iacute;culo pero se le hizo que en alg&uacute;n momento su sue&ntilde;o hab&iacute;a sido m&aacute;s profundo y quiz&aacute;s ya hab&iacute;an llegado a la estaci&oacute;n de destino. Desorientado se levant&oacute; de un salto , sin fijarse,<span>&nbsp; </span>descendi&oacute; del vag&oacute;n al tiempo que las puertas comenzaban la maniobra de cerrado. Su compa&ntilde;ero de viaje , a&uacute;n con el Diario Pueblo en las manos, levant&oacute; la cabeza de su lectura ; no le dio m&aacute;s tiempo que a comenzar a levantar el brazo en se&ntilde;al de aviso.<br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span><span>&nbsp;</span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>Qued&oacute; en el and&eacute;n , de espaldas a las v&iacute;as , sintiendo la fuerza centrifuga de la aceleraci&oacute;n en su espalda. S&oacute;lo entonces de<span>&nbsp; </span>dio cuenta del error; la peque&ntilde;a estaci&oacute;n dejaba mucho que desear en limpieza, unos arcaicos carteles de Galer&iacute;as Preciados amenazaban con desprenderse de las paredes y las luces , exiguas, te&ntilde;&iacute;an el ambiente con un tono p&aacute;lido y desolado. Una r&aacute;faga de aire helado le roz&oacute; la nuca. Se volvi&oacute;. En el and&eacute;n de enfrente reinaba el mismo ambiente de abandono, all&iacute; el despacho de jefe de estaci&oacute;n permanec&iacute;a a oscuras con la puerta entreabierta.<br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>La mosca revolote&oacute; en su oreja intentando colarse en ella, Santiago manote&oacute; espant&aacute;ndola. Mir&oacute; el reloj de pulsera, el equ&iacute;voco no le har&iacute;a perder demasiado tiempo, su tren a Salamanca no part&iacute;a hasta las siete de la tarde y ten&iacute;a tiempo m&aacute;s que sobrado incluso para tomarse un caf&eacute; en la cantina de la estaci&oacute;n de Atocha. Esper&oacute; paciente la llegada del siguiente metro mientras curioseaba por la estaci&oacute;n. El suelo ten&iacute;a una gruesa capa de polvo rojizo s&oacute;lo mancillada , unos metros m&aacute;s all&aacute;, por lo que parec&iacute;a la huella<span>&nbsp; </span>de una rueda muy fina<span>&nbsp; </span>terminando a unos pasos de &eacute;l. En la pared , los carteles de<span>&nbsp; </span>Galer&iacute;as Preciados anunciando la temporada de verano; Se acerc&oacute; hasta ellos y levant&oacute; uno hasta donde le alcanz&oacute; el brazo. Unas modelos con enormes mo&ntilde;os en la cabeza luc&iacute;an unos trajes de chaqueta plagados de bolsillos, lo que debi&oacute; de ser lo m&aacute;s en moda de la &eacute;poca. <br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><span>&nbsp;</span>El fondo del t&uacute;nel retumb&oacute;<span>&nbsp; </span>con las vibraciones de un nuevo veh&iacute;culo, Santiago se acerc&oacute; al borde del and&eacute;n, pero el convoy pas&oacute; de largo en el sentido contrario, le extra&ntilde;&oacute; que no parara en la estaci&oacute;n. Se pregunt&oacute; donde estaba y busc&oacute; el indicador , casi sobre su cabeza un oxidado tri&aacute;ngulo rojo enmarcaba sobre fondo azul las letras blancas con el nombre. Pens&oacute; que aquella estaci&oacute;n no le sonaba de nada. No es que estuviera todos los d&iacute;as en Madrid, pero si con bastante asiduidad, al menos cada tres meses ten&iacute;a que viajar a la Capital para solventar algunos de los menesteres de su negocio de construcci&oacute;n. Casi siempre tomaba el metro para desplazarse y realmente aquella estaci&oacute;n le era totalmente desconocida.<br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>Pens&oacute; que si<span>&nbsp; </span>el veh&iacute;culo no hab&iacute;a parado era porque se dirig&iacute;a a cocheras y no ten&iacute;a necesidad de hacerlo. Se conform&oacute;. El paso del tren dej&oacute; tras de si ecos, silbidos del roce de las ruedas en los ra&iacute;les<span>&nbsp; </span>y un remolino de papeles en el fondo de las v&iacute;as. Lo que parec&iacute;a el griter&iacute;o de unos ni&ntilde;os se col&oacute; sin querer en su cerebro y mir&oacute; en todas direcciones esperando ver aparecer por los accesos a un grupo numeroso de estos. No fue as&iacute;.<span>&nbsp; </span>No le dio m&aacute;s importancia, los sonidos all&iacute; abajo eran enga&ntilde;osos y lo que le pareci&oacute; el griter&iacute;o muchachil bien pod&iacute;a haber sido<span>&nbsp; </span>cualquier dilataci&oacute;n del hierro de las v&iacute;as al paso del metro.<br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>Comenz&oacute; a pasearse de un lado a otro del and&eacute;n, sent&iacute;a como que algo faltaba. Mir&oacute; atr&aacute;s pero no acert&oacute; a adivinar de que se trataba. De nuevo el ruido de un convoy acerc&aacute;ndose<span>&nbsp; </span>le puso en guardia. Esta vez<span>&nbsp; </span>si ven&iacute;a por su and&eacute;n. Sorprendido le vio pasar sin detenerse. Quiz&aacute;s no le hab&iacute;an visto, aquella estaci&oacute;n estaba pobremente iluminada, seguramente era una de las que<span>&nbsp; </span>faltaba por modernizar y a&uacute;n luc&iacute;a aquellos azulejos azul p&aacute;lido que tan bien recordaba de su ni&ntilde;ez, de cuando ven&iacute;a a Madrid a visitar a unos ancianos parientes de la mano de su madre.<br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>Pens&oacute; en cambiar de and&eacute;n<span>&nbsp; </span>pero lo desestim&oacute; , no hab&iacute;a necesidad de volver una estaci&oacute;n atr&aacute;s<span>&nbsp; </span>probablemente m&aacute;s concurrida<span>&nbsp; </span>y en la que si parar&iacute;an todos los trenes. Se pregunt&oacute; si desde su &uacute;ltima visita el metropolitano<span>&nbsp; </span>hab&iacute;a optado por implantar en los vagones ese sistema de parada que luc&iacute;an los autobuses de la EMT, donde con apretar un bot&oacute;n el conductor sab&iacute;a de la necesidad de realizar parada. Los efectos del vino y del co&ntilde;ac de la sobremesa a&uacute;n nublaban un tanto su entendimiento y as&iacute; lo reconoci&oacute; el mismo, el metro siempre hab&iacute;a parado en todas las estaciones<span>&nbsp; </span>y los seguir&iacute;a haciendo y era rid&iacute;culo pensar que se pondr&iacute;a un mecanismo de apertura de puertas seg&uacute;n la necesidad del viajero. Con casi toda probabilidad era la hora del cambio de turno y varios trenes se dirigir&iacute;an a cocheras, ah&iacute; y nada mas que ah&iacute; estaba la explicaci&oacute;n a lo que suced&iacute;a.<br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>Continu&oacute; curioseando por el and&eacute;n, total por ponerse nervioso no iba a llegar antes el metro; las papeleras<span>&nbsp; </span>rebosaban<span>&nbsp; </span>de papeles y basura, el hierro del que estaban hechas, en franco proceso de oxidaci&oacute;n,<span>&nbsp; </span>luc&iacute;a aqu&iacute; y all&aacute; desconchones. Varios peri&oacute;dicos sobresal&iacute;an de una de ellas, tom&oacute; uno<span>&nbsp; </span>para entretener el rato. El papel cruji&oacute; entre sus dedos, retazos de &eacute;ste quedaron pegados a sus manos, el resto cay&oacute; al suelo levantando una leve nube de polvo al tocar el pavimento. El sugestivo t&iacute;tulo del ejemplar , Cuadernos para el dialogo, permanec&iacute;a integro. Intent&oacute; reconstruir el ejemplar pero cada vez que sus manos lo tocaban m&aacute;s se desmenuzaba. Opt&oacute; por dejarlo en tal estado. Se asom&oacute; a la papelera, varios peri&oacute;dicos m&aacute;s asomaban sus p&aacute;ginas amarillentas, mir&oacute; la fecha. En todos la data se remontaba al 20 de Mayo de 1966. Extrajo con mucho cuidado un ejemplar del Ya, en su portada una gran foto de Curro Romero saliendo a hombros por la Puerta del Pr&iacute;ncipe de la Maestranza. Al pie de foto el comentarista alababa la haza&ntilde;a del si par torero en la lidia , como &uacute;nico espada,<span>&nbsp; </span>el d&iacute;a anterior. Lo desech&oacute; con desd&eacute;n, se pregunt&oacute; por qu&eacute; la gente no tiraba su basura en los contenedores, seguramente alg&uacute;n<span>&nbsp; </span>coleccionista de peri&oacute;dicos antiguos hab&iacute;a decidido que aquel era el mejor lugar para deshacerse de su colecci&oacute;n.<br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>Una vez m&aacute;s el ensordecedor aviso de la llegada de otro tren; pas&oacute; sin tan siquiera disminuir la velocidad. Esta vez Santiago se percat&oacute; de que los vagones , aunque no muy llenos, si llevaban pasajeros. Se puso nervioso , era inconcebible que no parase ninguno de los metros que hab&iacute;an pasado. De pronto se volvi&oacute; con una sonrisa en la boca, hab&iacute;a o&iacute;do algo, casi seguro alg&uacute;n viajero que se acercaba por el acceso. Esper&oacute; hasta que la sonrisa le provoc&oacute; dolor de mand&iacute;bula. Nadie entr&oacute; en la estaci&oacute;n. Ahora bastante m&aacute;s intranquilo volvi&oacute; a recorrer el and&eacute;n mir&aacute;ndose la puntera de los zapatos. No cre&iacute;a haber bebido tanto como para o&iacute;r ruidos inexistentes, habr&iacute;a jurado que lo que parec&iacute;an ser unos pasos acerc&aacute;ndose<span>&nbsp; </span>hab&iacute;an llegado n&iacute;tidamente a sus o&iacute;dos.<br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>Se estaba sofocado, los nervios empezaban a provocar que su coraz&oacute;n latiera m&aacute;s aceleradamente. En las venas del cuello notaba la violencia del bombeo sangu&iacute;neo y el sonido le parec&iacute;a que se extend&iacute;a por toda la estaci&oacute;n reproduciendo ecos. La boca del estomago parec&iacute;a querer cerr&aacute;rsele. Casi llora de alegr&iacute;a cuando el ruido de otro tren se dej&oacute; o&iacute;r. Levant&oacute; la mano en adem&aacute;n de hacerle parar pero el veh&iacute;culo tampoco se detuvo. Una lagrima se le escap&oacute;, se pas&oacute; el dorso de la mano por la boca para limpiar una baba que no hab&iacute;a surgido. Le sorprendi&oacute; el repiqueteo de unos tacones femeninos. Se volvi&oacute; muy deprisa para atrapar a la dama que originaba los sonidos y convencerse de que su o&iacute;do no le estaba enga&ntilde;ando. La estaci&oacute;n continuaba desolada.<br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span>- &iquest;Qui&eacute;n anda ah&iacute;? &iquest; hay alguien?.<br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span>Silencio.<br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>El sonido de algo arrastr&aacute;ndose le sobresalt&oacute;. Alguien le estaba gastando una broma y maldita la gracia que le estaba haciendo.<br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span>- He dicho que qui&eacute;n anda ah&iacute;, quien sea que salga ya, como broma aburre.<br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>Algo se pos&oacute; en su hombro, not&oacute; el peso sobre &eacute;l; era liviano , casi inexistente, pero lo notaba . Gir&oacute; la cabeza muy despacio. Una mosca se paseaba por el hombro. Ni se molest&oacute; en espantarla. Ten&iacute;a que cambiar de and&eacute;n, definitivamente esa era la soluci&oacute;n ; aunque tuviera que cambiar de tren en otra estaci&oacute;n.<br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>El pasillo era corto, apenas cinco metros para llegar a las escaleras divididas en dos tramos unidos por un solitario descansillo de apenas<span>&nbsp; </span>dos metros. Su determinaci&oacute;n se vino abajo mientras ascend&iacute;a. La capa de polvo<span>&nbsp; </span>lo cubr&iacute;a todo, ni un s&oacute;lo rastro de pisadas ni de movimiento alguno. Mir&oacute; atr&aacute;s y s&oacute;lo vio las huellas de sus zapatos sobre el pavimento. Al llegar a la plataforma intermedia se detuvo, pas&oacute; la mano por los azulejos de la pared, bajo las huellas se descubrieron unas losetas azul gris&aacute;ceo muy claro. Analiz&oacute; visualmente los restos de polvo que quedaron en sus dedos. Era el mismo material rojizo que inundaba toda la estaci&oacute;n. Limpi&oacute; una extensi&oacute;n m&aacute;s grande con el antebrazo enfundado en su americana de<span>&nbsp; </span>diminuta pata de gallo. Una leve polvareda se levanto a su alrededor, algunas motas se introdujeron en su nariz y estornud&oacute;.<br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>El esmalte de los azulejos estaba cuarteado, en algunos sitios faltaba y dejaba al descubierto la<span>&nbsp; </span>greda roja que le serv&iacute;a de base.<span>&nbsp; </span>Toc&oacute; con la palma de la mano totalmente abierta y al retirarla la huella dejada por el sudor se evapor&oacute; r&aacute;pidamente. Esta vez pos&oacute; las dos manos, necesitaba notar el tacto de algo real y palpable. La sensaci&oacute;n fue de una extrema frialdad<span>&nbsp; </span>que le hizo apartar las manos de inmediato; una corriente de aire fr&iacute;o le roz&oacute; en el cuello, volvi&oacute; la cabeza esperando recibir una r&aacute;faga pero el ambiente era calmo. Volvi&oacute; a centrar su atenci&oacute;n en el enlosado, las grietas de los azulejos formaban , como por casualidad, la faz de una mujer; joven, de rasgos diminutos y el pelo recogido atr&aacute;s, el flequillo ondulado a la moda de los a&ntilde;os 20.<br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>La belleza juvenil alivi&oacute; el nerviosismo de Santiago, y acarici&oacute; los azulejos con ternura. El gesto serio de la muchacha se transform&oacute; en sonrisa. Retrocedi&oacute; asombrado hasta chocar su espalda contra la otra pared. La sensaci&oacute;n fue como<span>&nbsp; </span>si cientos de dedos recorrieran su espalda y le intentaran<span>&nbsp; </span>agarrar. Quiso separarse pero no pudo, la debilidad en las rodillas se lo impidi&oacute;. Fue consciente del miedo que sent&iacute;a. Se dej&oacute; resbalar hasta el suelo y ya all&iacute; , a rastras, se separ&oacute; de la pared.<br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>A cuatro patas avanz&oacute; hasta el centro del pasillo, mir&oacute; a un lado y a otro. Donde hab&iacute;a visto el rostro de mujer s&oacute;lo quedaban los azulejos limpios , ni<span>&nbsp; </span>mujer ni nada que se le pareciera. En la pared contraria tan solo el rastro que hab&iacute;a dejado , sobre el polvo, al caer.<span>&nbsp; </span>Bajo sus pies retumb&oacute; el suelo, un nuevo convoy hizo su entrada en la estaci&oacute;n , paso sin detenerse.<span>&nbsp; </span>Hab&iacute;a perdido la cuenta de en que and&eacute;n deb&iacute;a de parar. Se levant&oacute; sin quitar la vista de las paredes. Termin&oacute; de ascender la escalera. Arriba el pasillo continuaba de frente y otro ramal giraba a la izquierda, tom&oacute; este para hacer el cambio de<span>&nbsp; </span>and&eacute;n. Respir&oacute; hondo y comenz&oacute; a cruzar el pasillo. Crey&oacute; o&iacute;r murmullos pero prefiri&oacute; ignorarlos. <br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>Seg&uacute;n iba avanzando<span>&nbsp; </span>sent&iacute;a una presencia detr&aacute;s; algo le segu&iacute;a. No quer&iacute;a volverse, s&oacute;lo quer&iacute;a llegar al otro anden, coger otro tren y marcharse de all&iacute;. Una de las bombillas, encerrada en una jaula de alambre, se apag&oacute;. Ante lo s&uacute;bito del<span>&nbsp; </span>apag&oacute;n Santiago se detuvo, la oscuridad se adue&ntilde;&oacute; del corredor para de nuevo hacerse visible, &eacute;ste, unos metros m&aacute;s adelante. Con la respiraci&oacute;n agitada y las manos temblorosas emprendi&oacute; la marcha con cautela; a ambos lados de &eacute;l la oscuridad se agitaba , o el cre&iacute;a verla agitarse, manchas m&aacute;s negras que el resto se mov&iacute;an pegadas a las paredes. Las notaba compactas y reales; ah&iacute; hab&iacute;a algo, algo que se mov&iacute;a al mismo paso que &eacute;l.<br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>No pod&iacute;a dejarse vencer por el p&aacute;nico y aceler&oacute; el paso, la iluminaci&oacute;n del siguiente foco estaba ya cerca y las penumbras se disipaban. Pero aquellas visiones continuaban escolt&aacute;ndole, jugueteaban<span>&nbsp; </span>cruz&aacute;ndose por delante de &eacute;l, haci&eacute;ndole burla a su miedo. Cuando se encontr&oacute; debajo de la siguiente fuente de luz se volvi&oacute;. Todo el pasillo estaba iluminado , ninguna<span>&nbsp; </span>bombilla fundida, ninguna sombra acechando. El sudor fr&iacute;o del miedo perl&oacute; su frente. No sab&iacute;a si es que hab&iacute;a cerrado los ojos involuntariamente o hab&iacute;a sido una realidad el apag&oacute;n. Mientras miraba atr&aacute;s, al fondo del pasillo, el aro de un obsoleto juego infantil pas&oacute; rodando, emitiendo un tintineo met&aacute;lico, se perdi&oacute; escaleras abajo; las mismas que<span>&nbsp; </span>Santiago acababa de subir. No iba a volver atr&aacute;s, por nada del mundo volver&iacute;a. Corriendo termin&oacute; de alcanzar la distancia que le separaba de la curva que formaba el pasillo. Detr&aacute;s se encontrar&iacute;a la escalera de bajada<span>&nbsp; </span>y<span>&nbsp; </span>el and&eacute;n contrario al que acababa de abandonar.<br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>Avanz&oacute; con cautela, sin osar apartarse de la zona central del pasillo. Al llegar al recodo se asom&oacute; esperando encontrar all&iacute; cualquier cosa. Estaba despejado y emprendi&oacute; una veloz carrera escaleras abajo. Otro nuevo tren pas&oacute; sin detenerse; los cristales de los vagones le lanzaban reflejos burlescos.<br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span>- Nunca saldr&aacute;s de aqu&iacute;, eres nuestro, nos perteneces.........- se repiti&oacute; como un eco<span>&nbsp; </span>mientras pasaba el veh&iacute;culo.<br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>Sigui&oacute; con la mirada la trayectoria del tren . Termin&oacute; de pasar y la vista acab&oacute; pos&aacute;ndose en el and&eacute;n de enfrente. La cabina<span>&nbsp; </span>del jefe de estaci&oacute;n<span>&nbsp; </span>empotrada en la pared del and&eacute;n de enfrente, ten&iacute;a la puerta totalmente abierta, de la boca del t&uacute;nel de acceso s&oacute;lo atin&oacute; a ver c&oacute;mo<span>&nbsp; </span>una sombra<span>&nbsp; </span>se deslizaba . Unos segundos m&aacute;s tarde un familiar sonido chirriante se dej&oacute; escuchar por el t&uacute;nel de acceso,<span>&nbsp; </span>un gran aro<span>&nbsp; </span>avanz&oacute; rodando por &eacute;l, pareci&oacute; perder el equilibrio y cay&oacute; a las v&iacute;as del tren; rebot&oacute; contra uno de los ra&iacute;les que, al contacto con el metal del aro, chisporrotearon por efecto de la electricidad. Santiago se tap&oacute; la cara con las manos en un acto reflejo, cuando el ruido ces&oacute; sobre los ra&iacute;les no quedaba rastro alguno.<br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>Santiago ech&oacute; a correr por el acceso, subi&oacute; las escaleras de dos en dos, el pasillo que continuaba hacia la salida<span>&nbsp; </span>se qued&oacute; enfrente, el pasillo de la izquierda se extend&iacute;a hasta terminar en un recodo que conduc&iacute;a al and&eacute;n de enfrente. Tropez&oacute; , mientras corr&iacute;a, con su propio pie, perdi&oacute; el equilibrio e instintivamente apoy&oacute;<span>&nbsp; </span>la mano en la pared para evitar as&iacute; el caerse. El tacto era tan fr&iacute;o que le pareci&oacute; que<span>&nbsp; </span>la piel se quedaba pegada a los azulejos, tir&oacute; para despegarse pero algo le atenazaba a la pared. Volvi&oacute; a tirar y se solt&oacute;; corri&oacute; hasta terminar de recorrer todo el trayecto, gir&oacute; sin mirar y descendi&oacute; los pelda&ntilde;os como los hab&iacute;a subido. <br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>La puerta de la cabina<span>&nbsp; </span>del jefe de estaci&oacute;n en el and&eacute;n de enfrente se volv&iacute;a a burlar de &eacute;l. El ruido de los pasos de alguien corriendo le hizo dirigir la vista hacia la salida del and&eacute;n, s&oacute;lo pudo ver la sombra que produc&iacute;a en el suelo lo que parec&iacute;a ser la pierna de un hombre con zapatos de charol. La irrupci&oacute;n del metro demasiado cerca de &eacute;l le hizo retroceder, cuando este pas&oacute; volvi&oacute; a sonar en sus o&iacute;dos el tintineo met&aacute;lico del aro volvi&oacute; a aparecer , caer en los ra&iacute;les es y tras un fogonazo producido por el contacto el&eacute;ctrico desapareci&oacute;.<br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>Se qued&oacute; muy quieto esperando acontecimientos, no sab&iacute;a en que momento exacto se le hab&iacute;a escapado la orina , la pernera del pantal&oacute;n estaba mojada<span>&nbsp; </span>y en suelo se hab&iacute;a formado un peque&ntilde;o charco. Ten&iacute;a que calmarse de alguna manera, aquello que le suced&iacute;a no era nada mas que el resultado del pescado de la comida que deb&iacute;a de estar en mal estado. Con seguridad que sus compa&ntilde;eros<span>&nbsp; </span>deb&iacute;an de estar sufriendo los mismos s&iacute;ntomas alucinatorios. Otro convoy pas&oacute; por el and&eacute;n de enfrente en sentido contrario al anterior.<br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>Jurar&iacute;a que el techo del subterr&aacute;neo antes era m&aacute;s alto y adem&aacute;s le parec&iacute;a que palpitara. El ahogo se contagi&oacute; a sus pulmones y le daban pinchazos en los brazos. Intent&oacute; acompasar la respiraci&oacute;n hasta que la fatiga fue menor. Restreg&oacute; con el pie el or&iacute;n del suelo y al contacto con el polvo form&oacute; un barro pastoso como si fuera sangre cuajada.<br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><span>&nbsp;</span>Ten&iacute;a que correr m&aacute;s para llegar al otro and&eacute;n, lo suficiente como para que le diera tiempo a hacer se&ntilde;as al pr&oacute;ximo tren que se acercara y que al menos, alguien,<span>&nbsp; </span>quedara avisado de que all&iacute; hab&iacute;a una persona y fueran a recogerle. No deb&iacute;a de tropezar ni entretenerse, deb&iacute;a de<span>&nbsp; </span>fijarse en un punto y avanzar, sin tocar ninguna pared y haciendo caso omiso a cualquier cosa que sucediera. Se prepar&oacute; como hab&iacute;a visto en la televisi&oacute;n que hac&iacute;an los corredores de fondo. Respir&oacute; profundamente<span>&nbsp; </span>, estir&oacute; piernas y brazos y se coloc&oacute; en un imaginario punto de salida preparado para esprintar. Sali&oacute; corriendo, salv&oacute; escaleras y pasillos a una velocidad que nunca pens&oacute; que fuera capaz de alcanzar. Gir&oacute; y emprendi&oacute; la bajada de los escalones. Cuando lleg&oacute; al arc&eacute;n oy&oacute; el ruido de unos pasos corriendo y por la boca del acceso de and&eacute;n de enfrente alcanz&oacute; a ver casi medio cuerpo de un hombre corriendo, los zapatos de charol y una americana de diminuta pata de gallo. Se derrumb&oacute; en el suelo y all&iacute; a&uacute;n permanec&iacute;a<span>&nbsp; </span>el barro rojizo. La puerta del despacho del jefe de estaci&oacute;n daba portazos. El tren pas&oacute; a mucha velocidad, sinti&oacute; en su rostro el aire caliente que desped&iacute;a al pasar y sus ojos se cuajaron de l&aacute;grimas cuando el aro rebot&oacute; contra los ra&iacute;les y desapareci&oacute; tras el fogonazo.<br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>No se movi&oacute; del mismo sitio durante mucho tiempo, pasaron muchos<span>&nbsp; </span>trenes en uno y otro sentido; ninguno par&oacute; ni mostr&oacute; se&ntilde;ales de haberle visto. En un momento, no sab&iacute;a cuando, hab&iacute;a dejado de sentir los pinchazos en los brazos pero tambi&eacute;n hab&iacute;a dejado de sentir movilidad alguna en todo el lado izquierdo de su cuerpo. Miraba pasar los trenes, ahora m&aacute;s llenos de gente que le ignoraban, los destellos que produc&iacute;an las luces interiores de los vagones contra los cristales de las ventanas de estos, le deslumbraban. A veces alguien que miraba distra&iacute;damente el paso de las estaciones apoyado en la puerta de alg&uacute;n vag&oacute;n se fijaba en &eacute;l o m&aacute;s bien le miraba sin notar su presencia. Hac&iacute;a un buen rato hab&iacute;a comenzado, en su delirio, a establecer una pauta del paso de los vagones; cuando llegaba a 362 un nuevo tren volv&iacute;a a pasar por la estaci&oacute;n. Hab&iacute;a una cadencia de paso y eso deb&iacute;a de servirle para algo.<br /></span><span><span>&nbsp;</span>El c&aacute;lculo mental le trajo a la realidad; al incorporarse se dio cuenta que su brazo izquierdo colgaba<span>&nbsp; </span>como sin vida. No sent&iacute;a dolor alguno ahora, s&oacute;lo aquel remo inservible que se burlaba de &eacute;l con su vaiv&eacute;n incontrolable. <br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>Si esperaba a la llegada del pr&oacute;ximo metro y sal&iacute;a corriendo detr&aacute;s de &eacute;l quiz&aacute;s fuera capaz de llegar a la estaci&oacute;n siguiente sin ser arrollado por ning&uacute;n otro tren.<br /></span><span>Tendr&iacute;a que correr mucho y con cuidado de no pisar los ra&iacute;les electrificados. El sentido de la marcha le era indiferente, hacia cualquier lado le ven&iacute;a bien, el caso era salir. El brazo le estorbar&iacute;a lo mejor ser&iacute;a sujet&aacute;rselo de alguna manera, opt&oacute; por meter la inm&oacute;vil mano en el bolsillo de la americana de diminuta pata de gallo. Contaba con la pauta de marcha m&aacute;s lo que pudiera ganar corriendo detr&aacute;s del convoy.<br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>Sinti&oacute;<span>&nbsp; </span>un pinchazo en el vientre, pero no deb&iacute;a detenerse, corr&iacute;a pr&aacute;cticamente a oscuras, tan s&oacute;lo algunas de las balizas de se&ntilde;alizaci&oacute;n le mostraban el camino, oy&oacute; acercarse un<span>&nbsp; </span>tren pero era el del sentido contrario, al fondo la tenue luz de la estaci&oacute;n comenz&oacute; a dibujarse, con la mano sana palpaba las paredes para ayudarse en la carrera. De nuevo el sonido de otro metro le aviso que<span>&nbsp; </span>deb&iacute;a de correr m&aacute;s para no ser atrapado bajo las ruedas de este. S&oacute;lo unos metros y se habr&iacute;a salvado. La luz le ceg&oacute; unos instantes; ayud&aacute;ndose del brazo sano salt&oacute; al and&eacute;n. El tren pas&oacute; por la estaci&oacute;n sin detenerse mientras Santiago recuperaba el resuello. Apenas fue consciente. Cuando levant&oacute; la cabeza el convoy ya hab&iacute;a abandonado la estaci&oacute;n, una sombra galopante y el eco de pasos se alejaron detr&aacute;s del metro. En el and&eacute;n de enfrente la puerta de la oficina del jefe de estaci&oacute;n , empotrada en la pared, estaba cerrada. El aro cay&oacute; al and&eacute;n , rebot&oacute; contra los ra&iacute;les y desapareci&oacute; tras un fogonazo.<br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>La salida, no hab&iacute;a pensado en ello. Se hab&iacute;a empe&ntilde;ado en cambiar de and&eacute;n, en avanzar una estaci&oacute;n pero no en la opci&oacute;n m&aacute;s f&aacute;cil, salir por la salida. Ya sab&iacute;a lo que pod&iacute;a encontrarse en la escalera y los pasillos pero la salida era otra cosa. Las salidas siempre son eso, salidas ; significaba el aire, el sol y el calor del verano, la vida al fin. <br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>El rellano entre los dos tramos de escalera continuaba all&iacute; as&iacute; como el sitio donde hab&iacute;a limpiado la pared. A pesar del miedo dese&oacute; volver a ver a la muchacha de gres. Se detuvo y escudri&ntilde;&oacute; entre las grietas del azulejo, comenz&oacute; a formarse a su vista la efigie femenina y la volvi&oacute; a acariciar, esta le sonri&oacute; de nuevo y se qued&oacute; all&iacute; mir&aacute;ndola. Algo hab&iacute;a cambiado en la escena, sobre &eacute;l una mancha de humedad comenzaba a formarse, al fin algo anodino como una gotera. El agua<span>&nbsp; </span>resbal&oacute; pared abajo , un hilillo, justo hasta donde la<span>&nbsp; </span>joven le sonre&iacute;a desde el enlosado. Temi&oacute; que borrara la bella imagen pero el recorrido era inevitable. La mir&oacute; por &uacute;ltima vez; detr&aacute;s de la inmaculada Madona se estaba formando otra imagen; un brazo se ergu&iacute;a a la espalda de la joven empu&ntilde;ando algo,<span>&nbsp; </span>un cuchillo. Cuando el agua de la gotera alcanz&oacute; la punta de la daga se torn&oacute; en un barrillo sanguinolento. Un tren pas&oacute; sin<span>&nbsp; </span>detenerse por la estaci&oacute;n. El chirrido met&aacute;lico le hizo desviar la mirada, el aro rodaba escaleras abajo a punto de arrollarle. Se apart&oacute;<span>&nbsp; </span>a<span>&nbsp; </span>tiempo<span>&nbsp; </span>y el juguete continu&oacute; su camino, le oy&oacute; rebotar en el and&eacute;n y el chasquido del cortocircuito. Volvi&oacute; la mirada hacia la pared, pero all&iacute; ya no quedaba nada, tan s&oacute;lo una inmensa mancha roja<span>&nbsp; </span>que discurr&iacute;a tabique abajo, donde instantes antes estuviera la cara de la joven ahora la sangre parec&iacute;a manar a borbotones.<br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>Abandon&oacute; la escena subiendo los escalones del segundo tramo<span>&nbsp; </span>lentamente, le importaba poco lo que sucediera all&iacute;, &eacute;l hab&iacute;a encontrado la soluci&oacute;n y esta era la Salida. Alcanz&oacute; la bifurcaci&oacute;n, a su izquierda la bombilla central del pasillo comenz&oacute; a fallar y se apag&oacute;, tampoco le importo mucho<span>&nbsp; </span>no iba a cambiar de and&eacute;n. Enfil&oacute; derecho , el pasillo no era demasiado largo, unos metros m&aacute;s all&aacute;<span>&nbsp; </span>&eacute;ste se ensanchaba convirti&eacute;ndose en el hall de la entrada. La taquilla se ergu&iacute;a en el centro, a ambos lados los tornos franqueaban la entrada y la salida; el metal de la cabina estaba carcomido por el &oacute;xido y los cristales eran opacos a causa de la capa de polvo. A lo lejos el ruido de un metro haciendo entrada hizo vibrar las cristaleras desprendiendo part&iacute;culas de polvo. El metro continu&oacute; su marcha sin hace parada. De alg&uacute;n rinc&oacute;n sali&oacute; un aro que rod&oacute; pasillo adelante hasta desaparecer de su vista. <br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>La mosca revolote&oacute; terminando por enredarse en su pelo, la dej&oacute; estar. No sab&iacute;a<span>&nbsp; </span>desde cuando su pierna izquierda<span>&nbsp; </span>estaba entumecida, la arrastraba dejando una huella serpenteante sobre la capa de polvo del suelo. Salv&oacute; los tornos de la taquilla y avanz&oacute;, donde deb&iacute;a de estar la puerta<span>&nbsp; </span>una pared de ladrillos gruesos se alzaba. <br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>Empezaba a sentir fr&iacute;o y ten&iacute;a sue&ntilde;o. Se hizo un ovillo en un rinc&oacute;n. Entre sue&ntilde;os vio<span>&nbsp; </span>la figura de un ni&ntilde;o con un aro en la mano que<span>&nbsp; </span>le miraba.<br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span>- &iquest;quieres jugar conmigo? .<span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span><br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span>...........................................<br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span>El spray rod&oacute; escaleras abajo, rebot&oacute; en el &uacute;ltimo escal&oacute;n<span>&nbsp; </span>y termin&oacute; por caer entre las v&iacute;as; al hacer contacto con el metal de los ra&iacute;les desprendi&oacute; un chisporroteo. El conductor del metro, que en aquel momento hac&iacute;a su entrada en la estaci&oacute;n, no lo percibi&oacute;. El convoy se detuvo.<br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span>- t&iacute;os v&aacute;monos, acaba de parar<span>&nbsp; </span>un metro y se han bajado dos juratas.<br /></span><span>- que les jodan a los juratas, si se ponen tontos les dais una paliza, en mi mochila llevo la c&aacute;mara de v&iacute;deo, lo grab&aacute;is y lo colgamos en internet.<br /></span><span>- Joder t&iacute;o, mola huevo; que subid&oacute;n me<span>&nbsp; </span>da esto.<br /></span><span>- A ti te da subid&oacute;n hasta verle las bragas a tu hermana.<br /></span><span>- Calla cabr&oacute;n, a mi hermana la dejas en paz.<br /></span><span>- Ale s&iacute;, t&uacute; y tu hermana ir a dar<span>&nbsp; </span>una vuelta a ver si veis al pringao del Iv&aacute;n, que no vuelve y a ver si de una puta vez puedo<span>&nbsp; </span>terminar la mierda esta.<br /></span><span>..........<br /></span><span>- T&iacute;os es genial, hay un puto esqueleto ah&iacute; mismo.<br /></span><span>- Que mal te sientan las birras chaval.<br /></span><span>- que si joder, que hay un puto esqueleto tirao en el suelo.<br /></span><span>- Lo que me faltaba esto no lo termino hoy ni de co&ntilde;a.<br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>Los guardas jurados descendieron del vag&oacute;n, hab&iacute;an avisado que unos chavales se hab&iacute;an colado; los pandilleros se cre&iacute;an que pod&iacute;an vagar por los t&uacute;neles como si fuera su casa, luego pasaba lo que pasaba cuando alguno era arrollado por el metro, los padres de los ni&ntilde;os les fre&iacute;an a insultos, como si ellos tuvieran la culpa de que sus hijos fueran imb&eacute;ciles. El tren reanud&oacute; su marcha, las luces del and&eacute;n estaban encendidas y alguien hab&iacute;a estado enredando en la salita del jefe de estaci&oacute;n. Uno de los guardas cerr&oacute; la puerta. Oyeron ruidos en el acceso del and&eacute;n de enfrente, si los cog&iacute;an se les iban a<span>&nbsp; </span>quitar las ganas de complicarles la vida.<br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>Los grafiteros permanec&iacute;an callados escondidos detr&aacute;s de la cabina de la taquilla, un chirrido met&aacute;lico les sobresalt&oacute;. Un aro met&aacute;lico sali&oacute; rodando de alg&uacute;n punto en la penumbra, avanz&oacute; hasta desaparecer en pasillo de acceso a los andenes. Se miraron y salieron corriendo<span>&nbsp; </span>hac&iacute;a el and&eacute;n. Corr&iacute;an detr&aacute;s del aro gritando y riendo, cuando terminaban de bajar el &uacute;ltimo tramo de escaleras<span>&nbsp; </span>vieron el aro caer<span>&nbsp; </span>a los ra&iacute;les , chocar contra estos<span>&nbsp; </span>y despu&eacute;s de un fogonazo desaparecer. En el and&eacute;n de enfrente los dos guardas de seguridad miraban la escena. Un convoy hizo entrada en la estaci&oacute;n y pas&oacute; sin parar. <br /></span><span>&nbsp;<br /></span><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>Los guardas de seguridad<span>&nbsp; </span>echaron a correr hacia el acceso para pillar a los muchachos, cuando casi llegaban<span>&nbsp; </span>al and&eacute;n oyeron gritos y risas; el aro baj&oacute; rodando por las escaleras del and&eacute;n de enfrente<span>&nbsp; </span>hasta casi<span>&nbsp; </span>ir a parar donde<span>&nbsp; </span>estaban ellos, cay&oacute; a las v&iacute;as y desapareci&oacute; tras un fogonazo , detr&aacute;s de &eacute;l<span>&nbsp; </span>la pandilla de grafiteros llegaban corriendo........<br /></span><span>&nbsp;<br /></span><p><span></span></p>]]></description><pubDate>Wed, 21 Dec 2005 21:36:00 +0000</pubDate></item></channel></rss>
